miércoles, 21 de agosto de 2019

Verbenero matutino de virginal maternidad

¡Buenos días!

Sin muchas ganas de jarana, que tanto calor aplatana al más pintado, me dejo llevar al compás, tal vez de chotis, que me marcan estos matutinos, que me miman como una buena madre, y liberan tanto mi mente que casi me la dejan inmaculada. Sin embargo, el hasta ahora puro celeste libre de cualquier nubosidad se nos ha levantado gris, lo que tal vez nos traiga algún que otro chaparrón veraniego que alivie tanto calor. De hecho, la máxima prevista será de 28ºC, y hay una probabilidad del 50% de que algo nos caiga del cielo. ¡Alegría, alegría, que es posible que hoy chapoteemos algo!

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "La virgen de agosto", de Jonás Trueba, y con Itsaso Arana (también coguionista junto con el director), y unos cuantos actores más. Hijo de su padre, Fernando, también colega de profesión, es el quinto largo de este joven director, de quien, salvo su segundo, había visto el resto de sus anteriores, a saber, "La reconquista" (2016), "Los exiliados románticos" (2015), y "Todas las canciones hablan de mí" (2010).

Una joven a punto de cumplir los 33 años ha decidido quedarse sola en Madrid durante el mes de agosto, cuando la ciudad queda casi desierta. Se encuentra en una encrucijada vital de la que no sabe bien como salir, y durante unos días, con el trasfondo de las castizas verbenas de las madrileñas fiestas patronales, y el lento discurrir de la canícula por el que se deja llevar, se irá encontrando con desconocidos y viejos conocidos de los que hace tiempo no sabía.

Una película interesante intermitentemente (nota: 4), con sus más y sus menos, a ratos cautivadora, en otros irritante, y en el resto tirando a anodina, sobre una mujer en busca de sí misma al calor de un introspectivo verano, en el que mantiene conversaciones sobre esto y aquello, con unos y con otros, desconocidos y conocidos con los que se va topando al vuelo. Me pasa con todas las películas que he visto de este director que, salvo sueltos destellos, no me acaba de gustar su manera de enfocar el cine, básicamente porque buena parte de sus diálogos y algunas de las situaciones planteadas me parecen la mar de peregrinos.

Pues antes de que se me agoste este matutino, ahí os dejo unas citas de sabiduría ajena:

 - "Cuando llueve en agosto, llueve miel y mosto".  (Refrán).

 - "Cada cosa que existe es una virgen que ha de ser amada para hacerse fecunda".  (José Ortega y Gasset).

 - "Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta".
(Robert Herrick, "A las vírgenes, para que aprovechen el tiempo").

Besos y abrazos,

Don.
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martes, 20 de agosto de 2019

Matutino de cine

¡Buenos días!

Érase una vez... pero, ¿esto es un cuento o vamos a hablar de cine?... ¡qué más da, que viene a ser lo mismo!... Pues eso, érase una vez un matutino que no acabó con los consabidos besos y abrazos, que se despidió a la francesa... Bueno, no os creáis esto que os estoy diciendo, que no es más que un cuento... o una película que os estoy contando, según prefiráis. El que sí quiere ser de cine, ya veremos si llega a estrella fulgurante, es este día de verano, mucho más agradable que los anteriores, gracias a su algo más de frescor entre tanta canícula, con 30ºC de máxima previstos para hoy por los madriles.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Érase una vez en... Hollywood" ("Once upon a time in... Hollywood"), de Quentin Tarantino, y con Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, y Margot Robbie. Noveno largo en solitario de este director y guionista, maestro del cine, de quien había visto la gran mayoría de sus anteriores, a saber, "Los odiosos ocho" ("The hateful eight", 2015), "Django desencadenado" ("Django unchained", 2012), "Malditos bastardos" ("Inglorious basterds", 2009), "Kill Bill (vol. II)" (2004), "Kill Bill (vol. I)" (2003), "Pulp fiction" (1994), y "Reservoir dogs" (1992). Salvo Django y Pulp Fiction, que me entusiasmaron, el resto no me agradaron gran cosa.

Los Ángeles, 1969. Una vieja gloria de las teleseries del oeste de los años 50 y 60, vecino de las emergentes estrellas cinematográficas Sharon Tate y Roman Polanski, trata de reconducir su carrera en el cine junto con su inseparable amigo, chófer, y doble suyo en todas sus escenas de acción. Pero la industria del cine está cambiando y ya no es lo que era, y él no acaba de asumir su nuevo rol en ella.

Una buena película (nota: 6), cuyas casi tres horas de metraje se me pasaron rápido, que no me desagradó, pero que tampoco me entusiasmó. Buena parte de la culpa de esto será debida a que es una película que se mira el ombligo (Hollywood ensalzándose nostálgicamente y criticándose), cosa que no suele gustarme salvo que sea el mío propio el que veo, por mucho que tenga las maneras del genial Tarantino, que se atreve incluso a reescribir gozosamente (también para mí) la historia real.

Peli de colegas, muy divertida, al estilo Tarantino, en la que se nos habla de éxito y fracaso en el Hollywood de los años 60, lo que vale para cualquier otra época, todo un homenaje a los actores (secundarios y de serie B) y dobles de acción que pasaron desapercibidos, excelentes profesionales que no llegaron a estrellas. Como siempre en sus obras, esta también rezuma cinefilia por cada poro de su sudorosa piel. Por cierto, como siempre, no os vayáis de la sala en cuanto empiecen los créditos finales, que en este caso hay un bonus final que echa humo.

Ahora en la sección de sabiduría ajena, no os voy a contar ningún cuento, sino que os dejo con este par de citas, que creo se llevan muy bien:

 - "Los auténticos actores son esa raza indomable que interpreta los anhelos y fantasmas del inconsciente colectivo".  (Ana Diosdado).

 - "Ver un asesinato por televisión puede ayudarnos a descargar los propios sentimientos de odio. Si no se tienen sentimientos de odio, podrán obtenerse en el intervalo publicitario".  (Alfred Hitchcock).

Besos y abrazos,

Don.
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lunes, 19 de agosto de 2019

Matutino de veraneo

¡Buenos días!

Pues sí, están de vacaciones, ya que salvo algunas fugaces apariciones como esta, cual ojos del Guadiana en estiaje, en el que vuelven a dejar volar su fantasía elevados de (o sumergidos en) la realidad, disfrutan de su merecido descanso estival. Verano que hoy parece haber vuelto a a aflojar una pizca, tratando de retomar fuerzas para otro arreón. Pero de momento a disfrutar de lo que nos toca, sol y 32ºC de máxima prevista para hoy por los madriles.

Este fin de semana estuve en el cine viendo "La casa de verano" ("Les estivants"), de Valeria Bruni Tedeschi, y con ella misma y un montón de actores más, que es un film muy coral. Quinto largo como directora italiana de esta también guionista y actriz, monumental actriz, de quien amén de muchos como intérprete tan solo había visto su debut como realizadora, "Es más fácil para un camello..." ("Il est plus facile pour un chameau...", 2003).

Tras una dolorosa ruptura sentimental, abandonada por su pareja, una atribulada directora y actriz de cine se retira durante el verano a la casona veraniega familiar en la Costa Azul francesa a escribir junto con su coguionista su próxima película, de carácter autobiográfico, rodeada de sus familiares (hija pequeña, madre, hermana, abuela y demás allegados) y empleados de la casa, cada uno con sus muy peculiares maneras de ser, sus neuras.

Película interesante en su delirante caos (nota: 5), pero con la que no acabé de conectar salvo momentos sueltos, muy buenos. Tragicomedia familiar, muy coral, que parece autobiográfica, una autobiografía imaginaria para tratar de dar sentido a su vida real, en palabras de su propia creadora. También comedia bufa, caricaturesca, cual espejos deformantes de feria, sobre una familia y una sociedad, en el que los límites entre cine y realidad parecen difusos, en definitiva, metacinematografía o extravagante metarrealidad ficcionada, por decirlo de alguna manera.

Y ahora unas citas de sabiduría ajena, para seguir cultivándonos, aunque sea de vacaciones:

 - "La hormiga es sabia, pero no lo suficiente como para tomarse unas vacaciones".  (Clarence Day).

 - "El cambio de costumbres es el único medio de que disponemos para mantenernos en vida y rejuvenecernos. Tal es el objetivo del cambio de aires y de lugar del viaje de recreo".  (Thomas Mann).

Besos y abrazos,

Don.
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jueves, 15 de agosto de 2019

Mis bienamados y muy conocidos matutinos

¡Buenos días!

Por enésima vez me enamoro de ellos cada vez que vengo por aquí, siempre con sensación de déjà vu, pues los conozco tan bien como la palma de mi mano. Y ya conocemos todos como es el verano, calor y más calor, y así es hoy, con sol radiante y 35ºC de máxima prevista por los madriles. Yo, más que enamorarme de él, prefiero que pase página y nos entreguemos al otoño.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Amor a segunda vista" ("Mon inconnue"), de Hugo Gélin, y con François Civil, Joséphine Japy, y Benjamin Lavernhe. Es el tercer largo y primero que veo de este director francés.

Unos jóvenes adolescentes se conocen en el instituto; flechazo instantáneo; se ennovian y con el tiempo se casan. Son felices. Él alcanza su sueño de ser escritor y triunfa totalmente con su saga literaria de ciencia ficción. Ella ve frustrados sus anhelos de ser una prestigiosa concertista de piano. Con el tiempo su relación se va enfriando a causa de que él está absorto en su éxito literario. Una noche discuten. Se duermen, y cuando él despierta se encuentra en un mundo paralelo en el que nunca conoció a la mujer de su vida y son perfectos desconocidos. Con la ayuda de su amigo de siempre tratará de reconquistar desde cero a la que fue su esposa con la esperanza de revertir la distorsión espacio-temporal.

Una película normalita (nota: 5), con sus más y sus menos, agradable, que se deja ver, con tendencia a ser olvidada cual amor de verano que ya no volverá a nosotros. Comedia romántica con trasfondo de cine fantástico, y con gags, unos más resultones que otros, bastante tontorrones a veces, en la que el protagonista vive la pesadilla de tener que recomenzar su amor con la mujer de su vida, que parece haberle olvidado (o no conocido nunca, más bien), desde un punto de partida distinto al original. Por temática y desarrollo me recordó a otras similares películas, mejores, mucho, muchísimo mejores que esta.

Ahora unas citas de sabiduría ajena, que nos ayuden a conocernos mejor, a nosotros y al resto, y a enamorarnos de todo lo que nos rodea, por primera o enésima vez:

 - "Todo lo desconocido se supone maravilloso".  (Tácito).

 - "Siempre suspiramos por visiones de belleza, siempre soñamos mundos desconocidos".  (Máximo Gorki).

 - "La aventura, la gran aventura, es ver surgir algo desconocido, cada día, en el mismo rostro: es algo más grande que todos los viajes alrededor del mundo".  (Alberto Giacometti).

 - "Reconsideras tu vida conforme la vas viviendo, de la misma forma que si estuvieras escalando una montaña y continuamente vieras los mismos paisajes desde distintos puntos de vista".  (Doris Lessing)

Besos y abrazos,

Don.
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miércoles, 14 de agosto de 2019

Matutina fraternidad a prueba de bombas

¡Buenos días!

Otra mañanita más que me reúno con uno de mis muy bien avenidos matutinos, tan unidos, a pesar de sus diferencias, que no parece haber nada que los desmorone. Como este verano, que hoy quiere volver a venirse arriba, y más en días sucesivos, con los 33ºC de máxima prevista por los madriles, tras un inicio de semana y pasado fin de semana de agradable frescor veraniego, con máximas por debajo de la treintena.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Lola y sus hermanos" ("Lola et ses frères"), de Jean Paul Rouve, basada en una novela de David Foenkinos, coguionista junto con el director, y con Ludivine Sagnier, José García, y el propio director. Es su cuarta película, y primera que veo suya, como director, que ya vi otra como actor, "C'est la vie" ("Le sens de la fête") de Eric Toledano y Olivier Nakache.

Lola, una treintañera que trabaja como abogada especializada en divorcios y que acaba de emparejarse con uno de sus clientes, tiene dos hermanos algo más de diez años mayores que ella, un optometrista que va a casarse por tercera vez, y un ingeniero de una empresa de demoliciones divorciado y al cargo de su hijo. Los tres, cada uno con sus peculiaridades, viven en una ciudad de provincias y, pase lo que pase, se reúnen todos los primeros jueves de cada mes ante la tumba de sus padres. Además, vuelven a verse en la boda del hermano mayor, y las discusiones y tensiones entre ellos surgen de nuevo. Pero a pesar de todo son inseparables.

Una muy buena película (nota: 7), con la que pasé un rato agradable y me dio algo que pensar, esta amable y divertida melodramedia familiar, poco convencional, sobre la agrietada relación de tres hermanos, cada uno con sus particulares cuitas que no ven como superar por sí mismos, que amenazan desmoronar su fraternal unión, pero de cimientos tan sólidos que se sostiene a pesar de sus pesares, mientras se van sosteniendo mutuamente.

Ahora unas citas de sabiduría ajena, que tal vez ayuden a reforzar nuestros contrafuertes para afianzarnos a pesar de nuestras grietas:

 - "Siete hermanos de un vientre, cada uno de su miente".  (Refrán).

 - "Un dedo no hace mano, pero sí con sus hermanos".  (Refrán).

 - "No es fácil tratar con testarudos. No hay argumento que valga. Regla para tratar con ellos: «Ninguna encina se derrumba al primer hachazo; una gotera quiebra la peña más dura»".  (José Ortega y Gasset).

 - "Si das la luz para encender la vida de tu hermano, en ti brillará más esplendorosa".  (Albert Schweitzer).

Besos y abrazos,

Don.
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viernes, 9 de agosto de 2019

Los patrones de la hormiguita matutina

¡Buenos días!

Otra mañanita más que despierta y en la que, grano a grano, pespunte a pespunte, voy dando forma, sin apenas tajos, a mi libre albedrío, como siempre, a cada matutino. Parece que sigo constantemente los mismos patrones, pero algo debe ir cambiando sutilmente, pues no son los mismos que en sus principios. Como los días de verano, que parecen todos iguales en su soleada canícula, pero no siempre es así, con leves variaciones. Hoy se nos viste de sol desnudo y 32ºC de máxima prevista.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "El despertar de las hormigas", de Antonella Sudasassi Furniss, y con Daniella Valenciano y Leynar Gómez. Es el debut en el largo de esta directora costarricense.

Una joven, casada y con dos niñas, trabaja como modista en su propia casa de un pequeño pueblo para así mejorar los humildes ingresos familiares. Su esposo quiere tener otro hijo, en concreto un varón, pero ella no quiere, aunque no se atreve a decírselo. Le parece suficiente su familia y lo que desea ampliar es su pequeño negocio. Además, el entorno familiar presiona sutilmente para que aumenten su prole.

Una muy buena película (nota: 7), sencilla y natural, con puntadas oníricas, este drama intimista que nos introduce con delicadeza en el universo femenino, y el familiar, inmerso en un ambiente sensual y dulcemente asfixiante, pero pertinaz, típico del trópico, que dicta, sin decir directamente, como deben comportarse las mujeres, siempre serviciales, como mandan las tradiciones, siguiendo patrones heredados, sin atender a sus propios deseos. Asistí con interés a la toma de conciencia de su algo atribulada protagonista, a su despertar, para tratar de ser como ella desearía, hilando su propio porvenir, sin ir en femenina hilera cual hormiga, cortando con los patrones impuestos, lo que le induce un indefinido malestar consigo misma y del que no sabe bien como desembarazarse.

Ahora unas citas de sabiduría ajena, para tal vez despertar nuestra conciencia e intelecto, y para ayudarnos a hilvanar a nuestro gusto nuestra propia existencia:

 - "La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna".  (Jean Jacques Rousseau).

 - "Amo la fuerza, y de la fuerza que amo, una hormiga puede mostrar tanta como un elefante".  (Stendhal).

Besos y abrazos,

Don.
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miércoles, 7 de agosto de 2019

Indómito matutino desesperado

¡Buenos días!

No espero otra cosa cada vez que llego a los matutinos que encontrarme la mar de tranquilo y a cultivarme en la medida de lo posible y así poder escribirlos y describirlos según me van dejando ellos que lo haga. Hoy el verano parece haberse domesticado, han bajado las temperaturas, con los 30ºC de máxima prevista por los madriles. Espero que dure, aunque si no, no desesperaré, que ya queda menos para el próximo equinoccio.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "El peral salvaje" ("Ahlat Agaci"), de Nuri Bilge Ceylan, y con Dogu Demirkol y Murat Cemcir. Es el octavo largo de este prestigioso director turco, de quien había visto hasta ahora sus cinco últimos (me faltan los dos primeros), a saber, "Sueño de invierno" ("Kis uykusu", 2014), "Érase una vez en Anatolia" ("Bir zamanlar Anadolu'da", 2011), "Tres monos" ("Üç maymun", 2008), "Los climas" ("Iklimler", 2006), y "Lejano" ("Uzak", 2002).

Un joven que acaba de terminar sus estudios universitarios de magisterio regresa a su pueblo natal, a la casa de sus padres. Tiene la intención de presentarse a las oposiciones de maestro, y también de publicar la novela, quizá ensayo, quizá ambos a la vez, con el mismo título que la película, que ha escrito mientras estudiaba, pero no tiene dinero para hacerlo, ni sus padres tampoco, empeñados en grandes deudas debido a la ludopatía de su padre, también maestro de escuela, y de la que trata de salir. Inicia un periplo entre diversas gentes que puedan financiarle y asesorarle, a la par que se va reencontrando con el resto de familiares y diversas amistades.

Muy buena película (nota: 7) este drama familiar de relaciones paterno-filiales, de metraje desmedido, a mi entender, que me hubiera quedado en magistral, como otras anteriores suyas, si el autor se hubiese esmerado en el corte y confección, es decir, en recortarlo bastante, pues todas sus inmensas bondades quedan diluidas entre tanta desmesura métrica. Como siempre, suma profundidad de contenido, cual pozo inacabado siempre en trance de ir más hondo, y bellísimas imágenes y maneras estéticas, pero a ratos sueltos y serenamente extendidos y distendidos, con tres de ellos sublimes para mí. Además, de refilón, me pareció un ejercicio de metaliteratura cinematográfica, o viceversa, o allende o aquende, pues cine, literatura y la vida misma, la de sus autores, sean de ficción o reales, están entrelazadas.

Se centra en el deambular, por el espacio físico y el intrínseco anímico, del desubicado y desesperanzado protagonista, al que no parece gustarle su vida, ni su familia, ni nadie, ni él mismo, cabreado con todo y con todos, y consigo mismo; ni sabe cómo hacer para salir de esa situación. Todo a través de largos planos secuencia repletos de diálogos muy filosóficos de profunda sabiduría, e incluso de agrias discusiones, pero sumamente serenas en general, lanzando su veneno con dulzura, cual sanador jarabe infantil. Si queréis saber que pinta el peral salvaje en la historia, aparte de ser el título de su novela, esperad a casi la última escena, la última charla con su padre, uno de esos exquisitos momentos del film.

Ahora, para tratar de domar nuestra desesperanza en la medida de lo posible, ahí os dejo algo de sabiduría ajena, amén de la mucha que se espeta en el film, comenzando por dos recomendaciones al director del film por si las leyera (¡quién sabe!), me hiciera caso, y consiguieran arrebatarme de pleno sus obras:

 - "Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quintasesencias que fárragos".  (Baltasar Gracián).

 - "Si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre".  (Albert Einstein).

 - "A veces nuestro destino semeja un árbol frutal en invierno. ¿Quién pensaría que esas ramas reverdecerán y florecerán? Mas esperamos que así sea, y sabemos que así será".  (Goethe).

Besos y abrazos,

Don.
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martes, 6 de agosto de 2019

Matutino sonrojante

¡Buenos días!

Enrojecido estoy estos días, no tanto por vergüenza, que apenas tengo, cada vez menos con la edad, sino por el inclemente sol que, gracias a sus rayos infrarrojos, los que dan calor, y los ultravioletas, los que te ponen moreno o rojo como un cangrejo, según sea el tipo de piel de cada cual, me hostiga sin piedad cada vez que asomo más allá de mi sombreado refugio matutino. Pues eso, otro día de tórrido verano, con 36ºC de máxima prevista por los madriles. Ya caerá su dictadura a no mucho tardar.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Rojo", de Benjamín Naishtat, y con Darío Grandinetti, Andrea Frigerio, Alfredo Castro, y Diego Cremonesi. Es el primer largo que veo de los de este director argentino.

Corre el año 1975, pocos meses antes del golpe de estado que instauró la dictadura militar en Argentina. Un hombre extraño llega a una tranquila ciudad de provincias. En un restaurante, y sin motivo aparente, monta un altercado ofendiendo a un reconocido abogado de la ciudad, un hombre sereno, quien acaba por humillarle verbal y públicamente, con la anuencia del resto de comensales, quienes le expulsan del local. Cuando el abogado sale del restaurante junto a su mujer, es abordado de nuevo y agredido por el extraño, huyendo este perseguido por el picapleitos. Cuando le alcanza, el desconocido saca una pistola y se dispara a sí mismo en la cabeza. A partir de entonces tomará una decisión que esconderá y mantendrá en secreto.

Una buena película (nota: 6) este metafórico thriller político, de muy buenas maneras formales y con un modo de narrar algo diferente que produce extrañeza y momentos de suspense bastante incómodo, como el que genera la espléndida escena tras la no menos estupenda escena inicial, lo mejor de la película para mí, que parte de una situación bastante absurda, al menos en apariencia. La violencia latente no se ve, pero casi que se mastica.

Inquietante alegoría de la amoralidad de la gente corriente, de la presunta buena gente, la de toda una sociedad (la argentina o cualquier otra), que hace aflorar lo más infame de su ser, que guarda silencio ante la más absoluta injusticia, cuando no saca provecho de determinadas debilidades ajenas, sintiéndose impune. En definitiva, la incubación del bergmaniano huevo de la serpiente.

Ahora unas citas de sabiduría ajena, espero que buena sombrilla ante posibles rojos sofocos:

 - "Tendremos que arrepentirnos en esta generación, no tanto de las malas acciones de la gente perversa como del pasmoso silencio de la gente buena".  (Martin Luther King).

 - "¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! Porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido!".  (Santa Catalina de Siena).

Besos y abrazos,

Don.
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lunes, 5 de agosto de 2019

¡Matutino a escena!

¡Buenos días!

Tampoco es que quiera ponerlos en la picota, sino más bien me gustaría que se lancen allende mío sin red, aunque los acoja si quisieran volver, a representar su modo de ser por doquiera que fueran. Y el verano ahí sigue, actuando según sus más clásicos cánones, sin todavía atreverse a romper con ellos, ni siquiera para refrescarnos algo el ambiente, aunque sea de tapadillo. Así que cual pacientes espectadores soportaremos sus 36ºC de máxima prevista para hoy gracias al inclemente sol que hoy volverá a lucir en el celeste escenario.

Este fin de semana estuve en el teatro viendo una obra del grupo Ron Lalá. Se trató de "Crimen y telón", dirigida por Yayo Cáceres, e interpretada por Juan Cañas, Íñigo Echevarría, Miguel Magdalena, Daniel Rovalher, y Álvaro Tato. Es la segunda obra que veo de este grupo teatral, tras la genial y magistral "Cervantina". En ambas se mezclan, con sumo ingenio y gran humor, teatro y música en directo. Como dije entonces, en cuanto tengáis oportunidad de ver uno de sus montajes, os recomiendo muy encarecidamente que lo vayáis a ver. ¡Requetemagníficos!, en todos sus aspectos, por actuaciones, por el ingenio verbal de sus obras, y la trepidante acción de su desarrollo. Por si la vez anterior no lo hubiera hecho expresamente, ahora, sí que sí, me declaro impenitente ronlalista.

Corre el año 2039, y la inteligencia artificial lleva casi 20 años dominando la Tierra, rigiéndola global y dictatorialmente. Todos los humanos que no se sometieron fueron desterrados a Marte. La sociedad terrestre vive entregada al consumo desaforado y al bienestar obligatorio por ley, sin ninguna de las Artes, totalmente prohibidas, pues por ejemplo las metáforas son delito y hay pena de muerte para quien rime poesías. La Música y el Teatro resisten en la ilegalidad, trapicheando de estraperlo, pero un detective descubre en un escenario clandestino el cadáver del Teatro, aparentemente suicidado, por lo que la Triple A (Agencia Anti Arte) le encarga investigar las causas.

Sobresaliente espectáculo teatral total (nota: 9), divertidísimo, con las genuinas y geniales maneras que distingue a sus creadores, aunque me gustó una pizca menos que el anterior suyo que vi. Con las maneras del thriller de género negro y de futuro distópico de ciencia ficción, se hace un homenaje en toda regla al teatro, a partir de su asesinato en la ficción, en el que el público somos involucrados, rompiéndose la cuarta pared, pues somos testigos, cómplices y sospechosos del crimen... todo un ejercicio de metateatro en el que se reflexiona, con música y sumo humor e ironía, satirizando con muy versados versos, tanto declamados como cantados, sobre el teatro y nuestra sociedad, jugueteando con referentes del teatro culto y la más popular iconografía artística de hoy. Se hace además todo un repaso a la historia teatral, desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, de un modo la mar de didáctico y educativo.

Bueno, pues llegó el momento de que salten a la palestra matutina unas citas de sabiduría ajena, que espero nos hagan reflexionar antes de que nos acusen de no hacerlo y de que caiga definitivamente el telón tras los besos y abrazos:

 - "Quien mata el tiempo no comete crimen, se suicida a sí mismo".  (Anónimo).

 - "La vida se diferencia de una obra teatral en esto: no tiene argumento, todo es vago, incierto, inconexo, hasta que el telón cae sin resolver nada".  (George Bulwer-Lytton).

 - "El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma".  (Arthur Miller).

Besos y abrazos,

Don.
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jueves, 1 de agosto de 2019

Matutino de catárticos rituales solsticiales

¡Buenos días!

Es pleno verano. Tanto por sensación térmica como, sobre todo, por calendario, ¿o era al revés?, ya que pasamos hace semanas por el punto solsticial de verano, y no recuerdo haber hecho nada especial para celebrar ese día; total, ¿para qué?, si nada de particular interés me sucedió, que fue un día sin propiedades especiales, como otro cualquiera, como hoy, en el que me desperté, viví disfrutando y me acosté. Así que no había necesidad de purificación alguna, más allá de la rutinaria ducha mañanera y beber vasos de agua a demanda de mi sed, como siempre. Nada, y todo, es tan importante como para que haya celebración, que como decían en Alicia en el país de las maravillas, reduciendo al absurdo, ¿para qué celebrar un cumpleaños al año cuando puedes celebrar 364 o 365 no cumpleaños al año?... Además, mi aversión al sol, salvo en breves momentos, me lleva a no estar muy a gusto los días de verano, cosas de los sofocos de la canícula. Aunque hoy es relativamente suave, con 34ºC de máxima prevista por los madriles.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Midsommar", de Ari Aster, y con Florence Pugh, Jack Reynor, Will Poulter, y William Jackson Harper. Es el segundo largo de este director, de quien había visto su anterior, su debut, "Hereditary" (2018), aclamado en general por la crítica pero que a mí me dejó ni fu ni fa.

Es invierno, una joven se sume en la desesperación tras el asesinato de sus padres por parte de su hermana bipolar, que luego se suicida. Las relaciones con su novio tampoco pasan por su mejor momento. Se acerca el verano y su novio y amigos, estudiantes de antropología, planean ir a una remota comunidad muy al norte de Suecia, de donde es originario uno de ellos, para estudiar sus rituales en torno al solsticio de verano, cuando el sol jamás se oculta tras el horizonte. El novio, con disgusto de sus colegas, invita a la chica a ir junto a ellos. Les reciben unas luminosas gentes inquietantemente amables que, tras ingerir unos alucinógenos bebedizos, se dejan llevar por turbias y extrañas ceremonias ancestrales, cual especie de esotérica secta religiosa, a las que les invitan a participar.

Película demasiado larga y que apenas nada me dijo (nota: 4), aun a pesar de sus buenas maneras formales. Podría decirse que es una de terror, pero iconoclasta, con lo que casi no es eso, aunque lo ronda y contenga unos cuantos mazazos de gore bastante desagradables. Es un cuento, casi que una fábula, de miedo en la medianoche boreal veraniega, es decir, a plena luz del día, que recrea fantasiosamente una serie de cultos nórdicos ancestrales, y muy catárticos, que ejercen gran influjo, cual si estuvieran poseídos, sobre sus acólitos. Fábula bastante extravagante que parece, aunque yo no lo vi nada claro, y eso sin haber tomado brebaje lisérgico alguno, criticar rituales sociales y religiosos de este nuestro primer mundo y cualesquiera otros aledaños. También socarrona crítica sobre el regreso de ciertos iluminados espirituales y sus hipnotizados seguidores, organizados en superguay comuna, a las esencias ancestrales de la humanidad, de presunta pureza, y tampoco nada civilizadas vistas desde nuestro apenas civilizado mundo.

Ahora, como de costumbre, que ya es tradición, ahí os dejo unas citas de sabiduría ajena:

 - "La tradición es la personalidad de los imbéciles".  (Maurice Ravel).

 - "Cuantas más costumbres tiene, menos libre e independiente es un hombre".  (Immanuel Kant).

 - "La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna".  (Jean Jacques Rousseau).

Besos y abrazos,

Don.
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miércoles, 31 de julio de 2019

Matutino empollón

¡Buenos días!

Otro pipiolo matutino que sale del cascarón tras haberlo incubado la noche anterior, y al que dejo volar a su libre albedrío para que vaya creciendo, creciéndose, aprendiendo de la vida, con más o menos trompicones según lo que se vaya encontrando, disfrutándola, divirtiéndose incluso según la ocasión. El calor vuelve a subir en este día de verano con 35ºC de máxima prevista, todavía levemente por debajo del umbral febril, pero suficiente para incubar de nuevo sudores sin apenas movernos. En cualquier caso, solacémonos lo que sea menester, que tiempo habrá para enjugarse los humores.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Súper empollonas" ("Booksmart"), de Olivia Wilde, y con Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein. Es el debut como directora de esta también actriz.

Dos amigas del alma desde la infancia, y súper aplicadas estudiantes que jamás han salido de juerga por tratar de conseguir las mejores notas posibles de cara a poder escoger la mejor universidad, están en el último día de clase de instituto, y de repente toman conciencia de que podrían haber estudiado algo menos, divertido algo más, como adolescentes que son, y sacado similares notas, así que deciden que tras la ceremonia de graduación acudirán a una de las fiestas que organizan sus compañeros, tratando de recuperar en una noche loca toda la diversión perdida anteriormente.

Una muy buena película (nota: 7), de muy buenas maneras, divertida, inteligente y lúcida (también luminosa y optimista), mucho, esta deslenguada comedia de desparrame juvenil con enfoque femenino, que se aleja, aun manteniendo algunas, de las convenciones del cine de desmadre de instituto o universitario, que en general produce bastante bazofia. No es este el caso, pues incluso el humor más grueso tiene su aquel, cosas del bastante inusual, hasta ahora, punto de vista femenino sobre estas u otras cuestiones en el mundo cinematográfico.

Es bastante atípico y chocante este retrato de amistad adolescente (de colegueo femenino), y también historia iniciática de madurez, conseguida en una intensa noche, para luego seguir cada una su propio camino, con bastante enjundia, que me dijo muchas cosas. Por eso de la disparatada y extravagante aventura nocturna que viven sus protagonistas, me recordó a un clásico de Martin Scorsese, "¡Jo, qué noche!" ("After hours", 1985).

Ahora, unas citas de sabiduría ajena, que espero os estudiéis bien, que seguro caen en el examen... el que la vida nos hace de continuo:

 - "De mis disparates de juventud, lo que me da más pena no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos".  (Pierre Benoit).

 - "Si pudiese volver a la juventud, cometería todos aquellos errores de nuevo, solo que más temprano".  (Tallulah Bankhead).

 - "No basta con ser joven. Es preciso estar borracho de juventud. Con todas sus consecuencias".  (Alejandro Casona).

Besos y abrazos,

Don.
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martes, 30 de julio de 2019

La química matutina que nos une

¡Buenos días!

Que nos une y atrae inevitablemente, así que ya rendidos a la evidencia, nos dejamos llevar por las autopistas y vericuetos que nos van surgiendo, conduciéndonos de la mejor manera posible. Por lo demás, el verano sigue tan apegado a nosotros, que no nos queda otra que aceptarle tal cual es, con sus sofocos y alivios, disfrutando el camino que nos quede por ir juntos, sabiendo que algún día se irá y nos dejará. Hoy está amable con sus 31ºC de máxima prevista, dando confortable calor, pero sin agobios, y dejándonos respirar, segura fórmula para que no queramos que se vaya tan pronto.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo una deliciosa película que me encandiló, una dulce caricia sobre mi cuerpo y alma que me desestresó, y que por tanto os recomiendo muy encarecidamente que vayáis a ver. Se trató de "303", de Hans Weingartner, y con Mala Emde y Anton Spieker. De este director y guionista alemán había visto uno de sus anteriores largos, "Los edukadores" ("Die fetten jahre sind vorbei", 2004).

Dos jóvenes universitarios, que no se conocen, acaban de terminar los últimos cursos de sus respectivas carreras universitarias en Berlín. Ella, que estudió bioquímica y le suspendieron una asignatura, se embarca en su vieja autocaravana, una Mercedes modelo 303, rumbo a Portugal, donde su novio está desarrollando un proyecto de investigación, para comunicarle personalmente que está imprevistamente embarazada. Recoge al otro, licenciado en ciencias políticas y que no pudo conseguir una beca post-grado, que hace autostop en una gasolinera a las afueras de la capital para dirigirse a España para conocer a su padre biológico. Tras un desencuentro inicial, a medida que van recorriendo Europa irán conociéndose mejor, al otro y a sí mismos... y ya se sabe, el roce va haciendo el cariño.

Sobresaliente película (nota: 9) que me enamoró, esta, podría decirse, road movie romántica muy dicharachera, de gran naturalismo, casi que minimalista, en la que los dos protagonistas, con indudable química entre ellos, que exuda a través de la pantalla, nos llevan de viaje no solo por diversos territorios europeos, sino también por sus adentros, emocionales e intelectuales, a través de sus conversaciones sobre los más variopintos temas, con un punto idealista, sean socio-políticos, científicos, de relaciones amorosas, o de intimidad personal; y hablando, hablando, el amor va palpitando, cada vez con mayor intensidad. Así, cual si estuviéramos viendo crecer la hierba, vamos viendo como brota el amor de a poquito a partir de la primigenia química corporal que lo enciende.

Recuerda a "Antes del amanecer" ("Before sunrise", 1995) de Richard Linklater, en la que también se narra un amor incipiente, luego continuado en las otras dos de la exquisita trilogía,  "Antes del atardecer" ("Before sunset", 2004), y "Antes del anochecer" ("Before midnight", 2013). De hecho, Hans Weingartner trabajó como asistente de producción de la primera, y algo se le quedó prendido.

Ahora, en la sección de sabiduría ajena comienzo con una cita del propio director del film hoy glosado, y os termino acariciando con la otra, antes de besaros y abrazaros... pero dejando correr el aire, que estamos en verano:

 - "[El amor] es la base de nuestra felicidad, la decisión más importante de nuestras vidas, pero realmente no sabemos nada al respecto y, a menudo, tomamos decisiones equivocadas porque nos aferramos a viejos ideales románticos que están lejos de la realidad".  (Hans Weingartner).

 - "Las caricias son tan necesarias para la vida de los sentimientos como las hojas para los árboles. Sin ellas, el amor muere por la raíz".  (Nathaniel Hawthorne).

Besos y abrazos,

Don.
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jueves, 25 de julio de 2019

Matutino despavorido

¡Buenos días!

Totalmente a salvo, en el refugio de mi imaginación matutina no hay miedo que pueda atenazarme, ni hacerme correr cual pollo descabezado, así que las únicas huidas por aquí son las de mi imaginación, que fluye con reflexiva serenidad, al albur de lo que la pueda incitar a volar. El que tampoco parece lleno de pavor es este verano que se niega a salir pitando de aquí hasta que le llegue el momento, y nos abrasa con otro día de tórrido calor cerca de la cuarentena centígrada, parece que el último de esta asfixiante ola... hasta la siguiente que nos atosigue.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo una película que no os deberíais perder. Os la recomiendo aunque se sufre viéndola. Se trató de "Utoya. 22 de julio" ("Utøya 22. juli"), de Erik Poppe, y con Andrea Berntzen. Es el segundo largo que veo, tras "Mil veces buenas noches" ("A thousand times goodnight", 2013), de los de este director noruego, quien anteriormente fue fotorreportero de guerra.

El 22 de julio de 2011 un fanático de extrema derecha pone una bomba en el barrio gubernamental de Oslo, con el resultado de varios muertos. Varias horas después llega a Utoya, una pequeña isla a pocos kilómetros de la capital noruega, donde varios centenares de idealistas adolescentes y jóvenes disfrutaban de un campamento de verano en el que se debatían cuestiones políticas de su interés, y perpetra una matanza indiscriminada, a tiros de su fusil automático, durante 72 eternos minutos, con el resultado de setenta y tantos muertos y casi un centenar de heridos graves.

Sobresaliente película (nota: 9), peliculón, que cámara en mano, absolutamente inmersiva, sin necesidad de gafas 3D ni leches, cosas de incitar adecuadamente la imaginación del cerebro, esa poderosa herramienta que todos tenemos (o eso se supone), y que nos hace creernos partícipes de la horrenda peripecia, siguiendo a la protagonista en su pesadilla, en su pavor, su angustia, su absoluta desesperación, en el no saber por dónde le viene. Tras un prólogo con textos informativos e imágenes de archivo del suceso previo (las bombas en Oslo) a lo narrado en el film, este se desarrolla en tiempo real, 72 minutos, y en un portentoso plano secuencia. Obviamente, el asesino, por depravado que fuera, no interesa aquí, que es un perfecto don nadie, sino el cómo vivieron las víctimas el terrible suceso. Película que a partir de los testimonios de algunos de los supervivientes desarrolla una historia ficticia sobre lo que realmente pudo haber ocurrido entonces.

Ahora, sin miedo, ahí os dejo unas citas de sabiduría ajena, espero que remedio ante la ignorante barbarie, si no de cura, sí de prevención antes sus desmanes:

 - "Sin duda que las maldades y los dolores, las pasiones y los fanatismos han sido, son y serán siempre un elemento perturbador de todo bien; pero su poder se restringiría mucho si no estuviese favorecido por la ignorancia; ella es la primera y más poderosa rémora del progreso".  (Concepción Arenal).

 - "Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable".  (Voltaire).

 - "Del fanatismo a la barbarie sólo media un paso".  (Denis Diderot).

Besos y abrazos,

Don.
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miércoles, 24 de julio de 2019

Prístinos amores matutinos

¡Buenos días!

Más que recordarlos, los evoco confusamente en mi memoria, sin demasiada añoranza, que la vida sigue y hay que fluir con ella. Por lo que al tórrido clima veraniego de estos días respecta no tengo muy claro, que ayer tarde el cielo se puso muy gris y descargó una breve tormenta, cuando comenzó a abrasarnos, a hacernos arder, no de amor, sino de puro sofoco que nos deja sin aliento. Seguimos igual que ayer, y parece que también en sucesivos días. En algún momento se nos romperá el amor, perdón, la canícula quería decir, de tanto usarla, que decía la canción de la Jurado, que con estos arrebatos térmicos no sé dónde vamos a parar.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Génesis" ("Genèse"), de Philippe Lesage, y con Théodore Pellerin y Noée Abita. Es el tercer largo, y primero que veo de este director canadiense.

Un adolescente, en los últimos años de instituto, y su hermanastra, en su primer año de universidad, viven las turbulencias amorosas y sexuales de su edad. Él se enamora en secreto de su mejor amigo, y ella, decepcionada por su inmaduro novio, se va distanciando de él hasta dejarle e, insatisfecha, precipitarse hacia relaciones amorosas cada vez más dañinas. Además, un preadolescente, durante un campamento de verano, empieza a experimentar, titubeante, sus primeros amores hacia una compañera que allí conoce.

Estupenda película (nota: 8), evocadora de pasadas sensaciones a flor de piel, y eso que no me convenció, me descolocó, con su estructura de dos historias que corren paralelas, intercalándose sus momentos en pantalla, y una historia al final, cuando parecía que acababa la película, sin nada que ver aparentemente con las anteriores. Eran tres mediometrajes en un largo. Sin embargo, la hermosura, la exquisita delicadeza de las historias, las tres, su complejidad, con momentos sublimes, el modo de mirar, me cautivaron.

Historia de sentimientos prístinos, casi que ingenuos, y confusos, sin cortapisas, pero sumamente auténticos, del despertar sexual, de amores no correspondidos... o sí, de rupturas, de deseos, dudas, miedos, del lanzarse al vacío inconscientemente, de... todo a borbotones, pero aquí plasmado con suma serenidad.

Ahora, en la sección de sabiduría ajena, tan solo un largo extracto de una entrevista al director, que me ha parecido perfectamente niquelada, profundamente sabia para encajarla aquí:

 - "[...] No hay edad para que un primer encuentro logre cambiarlo todo. El amor revolucionario puede surgir en cualquier momento [...] Pero la realidad es que un año en la vida de un adolescente equivale en términos de intensidad y descubrimientos a cinco, diez, quince años de un adulto. Por ello, la juventud se convierte en un período fascinante [...] Tengo también mucha admiración por los jóvenes protagonistas porque ellos se entregan al amor sin desconfianza. Yo prefiero los corazones temerarios a aquellos que retroceden por miedo a ser heridos. Ahora bien, es lo propio de la adolescencia, enamorarse de las personas equivocadas, cometer errores, hacer demasiado o no lo suficiente. Solo después de ser heridos, comenzamos a escondernos, a hacer cálculos, a tomar decisiones racionales. La ceguera amorosa me fascina más. Los protagonistas van hasta el final de su búsqueda; quizá se golpeen con la pared, se hagan daño, pero se levantarán [...] Ellos lo dan todo [...]".  (Philippe Lesage).

Besos y abrazos,

Don.
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martes, 23 de julio de 2019

Rosáceo matutino indómito

¡Buenos días!

No conforme con estos calores me refugio por aquí, a la luz de la rosa alborada, al frescor de este lugar matutino, donde de verdad me encuentro la mar de confortable, por mucho que deje volar mi imaginación por ignotos lugares que no sé si serán mejores que este, que ya he visto por mí mismo unos cuantos. Y el verano sigue bastante salvaje, diría yo, con sofocantes máximas y mínimas, rondando la cuarentena y los 25ºC, respectivamente, capaces de agostar, aunque todavía sea julio, cualquier ilusión, que bien regadas, sin embargo, perdurarán lo que deseemos.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Wild Rose", de Tom Harper, y con Jessie Buckley y Julie Walters. Es el primer largo que veo de los de este director británico.

Una joven veinteañera de Glasgow, algo irresponsable e inmadura, talentosa cantante cuyo mayor sueño es el de triunfar en la música country, acaba de salir de la cárcel por un pequeño delito de tráfico de drogas cometido inconscientemente. Regresa a casa de su madre, quien quiere que se responsabilice de su vida y acepte su realidad y que mientras tanto ha estado cuidando de sus dos hijos pequeños, que tuvo cuando adolescente. Pero una casualidad hace que sus sueños de ser una estrella musical se reaviven, lo que la enfrentará consigo misma, a la decisión de perseguirlos o quedarse a cuidar de su prole.

Una buena película (nota: 6) este drama musical con toques de realismo social. A través de la peripecia de la vitalista protagonista, que se debate entre sus deberes maternales, que le recuerda su madre, y los sueños de realización personal, muy difíciles dada su condición social, aparentemente incompatibles, se nos habla de relaciones materno-filiales, de tomar conciencia, una vez libre de tomar su propio camino, de que no siempre los sueños se cumplen... del todo.

Ahora unas citas de sabiduría ajena, que bien nos podrían servir tanto para asilvestrarnos como para domesticarnos, según necesitemos, o queramos nosotros mismos:

 - "Las verdades, como las rosas, tienen espinas; recíbelas por la parte de la flor y no te pincharás".  (Salvador Jacinto Polo de Medina).

 - "Vivid, creedme, no esperéis a mañana. Coged hoy las rosas de la vida".  (Pierre de Ronsard).

Besos y abrazos,

Don.
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viernes, 19 de julio de 2019

Matutino que hace lo imposible

¡Buenos días!

Pues sí, por lograr que todo sea posible, con cariño maternal, en este entorno durante el breve lapso que cada mañana me paso por aquí. Y el verano sigue haciendo todo lo posible por desazonarnos a base de calor y más calor, con un día en el que las máximas subirán, y más que lo seguirán haciendo en próximos días, con 37ºC previstos para hoy por los madriles.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Un amor imposible" ("Un amour impossible"), de Catherine Corsini, basada en la novela homónima de Christine Angot, y con Virginie Efira y Niels Schneider. De esta directora francesa había visto uno de sus anteriores largos "Partir" (2009).

A finales de los años 50 en una pequeña ciudad francesa de provincias una modesta oficinista se enamora perdidamente de un joven culto e inteligente de una familia muy acomodada. De resultas quedará embarazada, pero él se niega a casarse y a reconocer a la niña como suya, alejándose cada vez más, en espacio y sentimientos, aunque regresa periódicamente para yacer con ella, pues la quiere solo como amante ocasional, manipulándola emocionalmente. Ella siempre tiene la esperanza de que se quede. Un día él le dice que se casó con otra, pero a pesar del tremendo varapalo sigue adelante y cría sola a su hija.

Una buena película (nota: 6) este sereno drama romántico con aires clásicos, que se desarrolla durante 50 años, y que encierra un secreto de gran crudeza que la protagonista casi ni alcanza a asimilar, y eso que tiene gran entereza a pesar de ser continuamente baqueteada por su ciego amor, que no ve los escollos, y por la vida en general. Este retrato de una época desde un punto de vista femenino, nos habla de relaciones paterno-filiales, especialmente entre madre e hija, muchas veces bastante difíciles; también de las frustraciones de las mujeres, abusadas y humilladas, en un entorno machista de antaño (y a veces casi que de ahora) con desigualdad sexual (de género, que se dice hoy en día) y social.

Ahora unas citas de sabiduría ajena que, muy posiblemente, nos den buenos consejos:

 - "No hay cosa más fría que un consejo cuya aplicación sea imposible".  (Confucio).

 - "Y nunca a los amantes aconsejes
cuando tienen por gloria sus cuidados;
que es como quien predice a los herejes,
en sus vanos errores obstinados.
Por eso juzgo y discierno
por cosa cierta y notoria,
que tiene el amor su gloria
a las puertas del infierno".  (Miguel de Cervantes).

 - "Hay dos maneras de llegar al desastre: una, pedir lo imposible; otra, retrasar lo inevitable".  (Fernando Cambó).

 - "Una vida feliz es imposible. El fin supremo al que debe aspirar un hombre es una carrera heroica".  (Friedrich Nietzsche).

Besos y abrazos,

Don.
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jueves, 18 de julio de 2019

Matutino requeteenvenenado

¡Buenos días!

De tan envenenado, y dado que según dicen que los extremos se juntan, creo, y efectivamente así es, que son de una pureza tan auténtica que por eso me tienen tan engatusado como para robarme el corazón. Por los demás, estos últimos días de verano siguen razonablemente benevolentes, con máximas en torno a los 34ºC, y sin excesiva calorina, pero en pocos días, según las previsiones, parece que volverán a emponzoñarse, hasta casi asfixiarnos, con su más radical y opresivo calor, con máximas rondando y casi superando la cuarentena.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "El cuento de las comadrejas", de Juan José Campanella, y con Graciela Borges, Óscar Martínez, Luis Brandoni, Marcos Mundstock, Clara Lago, y Nicolás Francella. Octavo largo de este director argentino, de quien había visto cuatro de sus siete anteriores, a saber, "El secreto de sus ojos" (2009), "Luna de Avellaneda" (2004), "El hijo de la novia" (2001), y "El mismo amor, la misma lluvia" (1999). Es la recreación de un film argentino de 1976 titulado "Los muchachos de antes no usaban arsénico", de José A. Martínez Suárez.

Una vieja gloria del cine vive cual trasnochada diva, rememorando sus pasados éxitos como actriz, en su viejo caserón aislado, junto a su marido inválido, actor segundón, y los dos mejores amigos de ambos, director y guionista de la mayoría de sus películas de antaño. Mantienen una peculiar relación, que esconde turbios secretos del pasado, espetándose, a la mínima oportunidad, aceradas mordacidades entre ellos, y a quien se cruce en su camino. Un día llega por allí, parece que perdida, una joven pareja, que cuando se aperciben de la gran estrella del pasado que allí habita manifiestan su gran admiración por ella, y que al poco le plantean, con adulaciones y engaños, comprarle su propiedad.

Una estupenda película (nota: 8) esta comedia negra, con mucho humor negro, cínica, muy metacinematográfica y que juguetea con ciertos clichés cinematográficos, socarrona, de ácido y retorcido humor, ingeniosísimos y afilados diálogos, sarcásticos, poliédricos, con múltiples sentidos, que casi destilan veneno, de vueltas y revueltas argumentales, que nos habla de la vejez y su arrumbamiento social, de lo fácil (o no) que es engañarlos (a unos sí y a otros no, como a cualquier hijo de vecino), del enfrentamiento generacional entre la engreída juventud y la experimentada vejez, de la amistad y el amor con cierta sorna, y deja caer una crítica contra la especulación inmobiliaria y el capitalismo salvaje que arrasa con todo sin miramientos.

Ahora unas citas de sabiduría ajena de entre las que he husmeado y cazado por ahí cual avispada comadreja:

 - "Los cazadores atrapan las liebres con perros; muchos hombres atrapan a los ignorantes con la adulación".  (Plutarco).

 - "Quien se complace en ser adulado es digno de ser engañado por el adulador".  (William Shakespeare).

Besos y abrazos,

Don.
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miércoles, 17 de julio de 2019

Matutino requeteeducado

¡Buenos días!

Como cada mañana, siguiendo su natural y libre albedrío, haciendo camino al andar, que diría Machado, estos matutinos van aprendiendo cada día un poco más, sin necesidad de que los encauce hacia ningún lado. Así todos felices, haciendo de nuestra capa un sayo, y compartiendo estos gratos momentos. El verano intenta hoy, pero no puede, dejar de ser como es, caluroso, dejándose llevar por su natural idiosincrasia, pues aunque ha bajado algo la temperatura, la máxima prevista para hoy será de 34ºC, con sol sin tapujos, sin complejos de ser él mismo.

Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "La (des)educación de Cameron Post" ("The miseducation of Cameron Post"), de Desiree Akhavan, basada en la novela homónima de Emily Danforth, y con Chloë Grace Moretz, John Gallagher Jr., Sasha Lane, Forrest Goodluck, y Jennifer Ehle. Es el segundo largo y primero que veo de esta directora.

Años 90 en el profundo Estados Unidos. Una adolescente está en su último curso de instituto. La noche de celebración de la fiesta de graduación es sorprendida por su novio morreándose (y mucho más allá) con su mejor amiga. Sus ultraconservadores padres adoptivos, sus tíos, la ingresan inmediatamente en un centro religioso donde se promete reconvertir pervertidos homosexuales en presuntas personas de bien, rectas y formales, mediante terapias un tanto extravagantes, cuando no sutilmente opresivas. Allí tomará contacto por primera vez en su vida con diversos chicos y chicas con similares inclinaciones.

Una buena película (nota: 6) este sencillo y natural drama psicológico, con repuntes de soterrado humor irónico, que nos habla de la entereza emocional de una joven que trata de no dejarse comer el coco, así como de buenrollistas inquisidores que pretendiendo hacer el bien (según sus retorcidos y aviesos parámetros) hacen mucho daño, impidiendo ser ellos mismos a los jóvenes que tratan de reeducar, en el que se denuncia, con suavidad, casi que compadeciéndose de los presuntos sanadores, que más necesitarían ser sanados ellos de sus aberraciones mentales, especie de curas que necesitan ser curados... de su fanatismo e intolerancia. De paso, también es un retrato de cualquier adolescente que trata de buscar su lugar en el mundo, su propio camino, iniciándose en la vida, madurando en el proceso, él solo, sin necesidad de ser encarrilado a la fuerza, que lo que para unos es lo bueno, para otros no necesariamente tiene que serlo. Por tema me recordó mucho a otra que vi hace pocos meses, "Identidad borrada" ("Boy erased", 2018) de Joel Edgerton, que me gustó más.

Y ahora, para seguir aprendiendo, ahí os dejo unas citas de sabiduría ajena:

 - "Vosotros enviáis a vuestro hijo al maestro; pero son los condiscípulos quienes lo educan".  (Ralph W. Emerson).

 - "No aprendemos gracias a la escuela, sino gracias a la vida".  (Séneca).

 - "Todo hombre recibe dos educaciones: la que le dan y la que él se da; esta última es la más importante".  (Edward Gibbon).

 - "La base de la urbanidad, de la buena educación, es moral: no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti".  (Amando de Miguel).

Besos y abrazos,

Don.
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