¡Buenos días!
Buenos serán para los que les guste el calor, pero cuidado, como esto siga así, tanto calor durante tantos días fuera de temporada acabará por devorarnos, y solo tenemos una vida, no como en los videojuegos. Pues eso, 34ºC de máxima prevista por los madriles para hoy, primer día completo del otoño astronómico. Así que me pongo a juguetear con otro de mis matutinos, tratando de subir nivel pues, por muy buenos que sean para mí, y yo con ellos, si no lo hago acabarán por aburrirse y me dejarán solo, aporreando el teclado sin ton ni son, con la partida ya terminada.
Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Resident evil" (2026), de Zach Cregger, inspirado en una franquicia de un muy popular videojuego, que ya ha tenido anteriores adaptaciones cinematográficas, y con Austin Abrams, y un montón más de otros actores y actrices, bastante secundarios en comparación al protagonista absoluto. Tercera película de largometraje, y segunda que veo de su director, tras su anterior más reciente, "Weapons" (2025).
Un repartidor de mensajería urgente, que suele transportar suministros médicos (órganos para donaciones, por ejemplo) de un hospital a otro, le encargan a última hora, con nocturnidad y casi que con alevosía, cuando ya pensaba volver a casa, que entregue un paquete en el hospital de una lejana ciudad, inmersa en un temporal de hielo y nieve. Conforme se vaya acercando se irá dando cuenta del creciente peligro que va corriendo, pues acaba de estallar allí un terrible brote vírico que convierte a sus habitantes en monstruosas alimañas y que se propaga a velocidad de vértigo. Sin preparación alguna para poder sobrevivir en tan hostil entorno, deberá intentar llegar vivo a su destino y entregar el preciado paquete.
Muy buena película (nota: 7) que, aunque no es santo de mi devoción esta clase de cine, me tuvo entretenidísimo y en vilo durante su muy contenido metraje, y me divirtió un montonazo gracias a su juguetón humor, obviamente negro, no excesivamente gore, a pesar de sus sustos, no demasiados, vísceras y demás cánones del género (de terror, que no suelen gustarme), con una sensación constante de peligro percibido a través de la peripecia durante una trepidante noche (¡jo, qué noche!) de su atónito protagonista, un tanto torpón, todo un simpático antihéroe que va saliendo de todas, o casi, a trancas y barrancas, y subiendo de nivel poco a poco como en todo videojuego que se precie... de hecho es bastante inmersiva y parece que el espectador también está jugando con el avatar de su protagonista, con todos los tics de cualquier jugón canónico de videojuegos. Además, está excelentemente hecha (en lo formal) y también tiene algo de trasfondo, no mucho, pero suficiente para engancharme todavía un poquito más. Si a mí me gustó tanto siendo tan poco aficionado a este género, para los fans del terror pienso que será muy recomendable y también para los de los videojuegos de ir matando zombis que aparecen sorpresivamente por doquier y similares, de los que tampoco soy entusiasta (no me gustan gran cosa). En definitiva, puro entretenimiento, del mejor, sin mayores aderezos, que tampoco hace falta para cumplir excelentemente con su objetivo.
Bueno, antes del "game over" besucón y mimosón, como siempre, un poco de sabiduría ajena, con estas citas con algo de retranca, o tranca con la que aporrear conciencias, a ver si espabilan:
- "La última voz audible antes de la explosión del mundo será la de un experto que diga: es técnicamente imposible". (Peter Ustinov).
- "Estoy harto de los putos zombis. He dedicado dos años de trabajo a esta película, así que estoy cansado. Pero sigo viéndolos vaya donde vaya. Ahí están. Estoy harto de caminar por Nueva York y tener que ir apartando a los zombis de los móviles. [...] También estoy harto de los zombis de la política". (Jim Jarmush, 2019).
Besos y abrazos,
Don.
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