¡Buenos días!
Quedan dos días para el equinoccio, cuando el otoño astronómico iniciará su andadura para llevarnos hasta sus excelencias cromáticas y de sensaciones corporales y vitales en los alrededores de su apogeo. De momento, aquí seguimos, coqueteando con el verano por los madriles, con los 32ºC de máxima prevista para hoy. Mientras tanto, ya comencé mi camino con este matutino, que espero que me lleve, como me sucedió con los otros que ya fueron, por los vericuetos que nuestro libre albedrío vaya escogiendo en cada momento, sin innecesarias cortapisas de otros, de nadie más que nosotros mismos, que bien sabemos lo que hacemos, y si no, pues allá nosotros, por mucho (supuesto) bien que traten de procurarnos.
Este fin de semana estuve en el teatro viendo la obra "Camino a La Meca" ("The road to Mecca", 1984), escrita por Athol Fugard, adaptada y dirigida por Claudio Tolcachir, e interpretada por Lola Herrera, Natalia Dicenta, y Carlos Olalla. De su autor, sudafricano, basado en una novela suya, homónima (1980), había visto una película, "Tsotsi" (2005) de Gavin Hood. De su director, argentino, y también dramaturgo y actor, había visto anteriormente otras cinco dirigidas por él aunque escritas por otros, "Las guerras de nuestros antepasados" de Miguel Delibes, "Copenhague" ("Copenhagen") de Michael Frayn, "La mentira" ("Le mensonge") de Florian Zeller; "Tierra del fuego" de Mario Diament, y "Todos eran mis hijos" ("All my sons") de Arthur Miller, dos escritas y dirigidas por él, "Tercer cuerpo (La historia de un intento absurdo)" y "La omisión de la familia Coleman", y otra más, coescrita, codirigida e interpretada tan solo por él, "Rabia".
Años 70 en Sudáfrica, durante el régimen del apartheid. Una anciana, obsesionada con su excéntrica obra escultórica que empezó a crear tras la muerte de su marido, que tiene expuesta en el jardín de su casa, en un pequeño pueblo, con todas las piezas orientadas hacia La Meca, lugar ideal hacia el que ella sueña con ir, aislada de su comunidad de mojigatos vecinos, con la que mantiene muy difíciles relaciones, siendo tildada de loca, recibe la visita de una amiga, a la que conoció casualmente hace unos pocos años, y que de cuando en cuando viene a verla desde la muy lejana capital (Ciudad El Cabo) donde trabaja como maestra de escuela.
Estupenda obra (nota: 8), con espléndidas actuaciones de los tres intérpretes (a mí me gustó especialmente Natalia Dicenta, quizá por cosas de su personaje). Con el trasfondo de la segregación racial de aquel tiempo y lugar, que apenas se menciona, si acaso al principio, nos habla de muchas e interesantísimas cuestiones, tales como la tendencia a sobreproteger a los ancianos y a decidir por ellos por su (presunto) bien, que bastantes veces suele ser el bien de quien decide. También de la dificultad e incomprensión para aceptar lo diferente, de la presión social para tratar de reconducir por el (presunto) buen camino a los que se salen de las convenciones, que otros dictan, acogotando la libertad de cada cual, a veces con la falsa excusa de velar por su (presunto) bien; y de la libertad que proporciona el arte a quienes lo realizan, ayudándoles a encontrar (o reforzar) su propia identidad. De perseguir los sueños y deseos de cada cual sin tener que acomodarse a las expectativas que los otros puedan depositar sobre nosotros... y de la buena amistad nada interesada. En definitiva, que el título destila el viaje que todos tenemos que hacer en nuestro interior para encontrar la luz que cada uno contenemos y dejarnos llevar por ella, sin el interesado condicionamiento del entorno.
Pues el camino matutino de hoy, como siempre, nos ha terminado trayendo hasta la sabiduría ajena, a estas citas que surgieron a nuestro paso:
- "No tratéis de guiar al que pretende elegir por sí su propio camino". (William Shakespeare).
- "Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas -la elección de la actitud personal que debe afrontar frente al destino- para decidir su propio camino". (Viktor Frankl).
- "La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar". (Eduardo Galeano).
- "No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo". (Albert Camus).
Besos y abrazos,
Don.
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