¡Buenos días!
Como quien no quiere la cosa parece que el verano quiere volver a meterse con este otoño que ya parecía haber asentado sus reales por estos lares, expulsándole, dejando como víctima colateral (espero que momentánea) mis ganas de disfrutar en su plenitud de esta estación que toca por calendario. Pues eso, unos 27ªC de máxima prevista para hoy por los madriles, con sol y alguna que otra nube tratando infructuosamente de ensombrecerle. Pues bueno, entro ya mismo en otro de mis matutinos con toda la intención de profundizar lo más que pueda en él, tratando de comprenderle en su plenitud.
Ayer por la tarde estuve en el cine viendo una película documental. Se trató de "NAZA" (2026), dirigida por Yuval Abraham y Rachel Szor. Es la primera película que veo de cualquiera de ambos directores.
NAZA es el acrónimo utilizado por el ejército israelí para denominar a las víctimas civiles, para despojarlas de humanidad, despersonalizarlas, y así soslayar casi cualquier atisbo de remordimiento moral en sus filas. No son propiamente daños colaterales (muertos sin querer), pues también se quiere eliminarlos a modo de escarmiento y cualquier medio es justificable con tal de alcanzar el genocida fin de arrasar con todo. Un periodista israelí, a la luz nocturna de la iluminada ciudad de Tel Aviv, en azoteas, entrevista clandestinamente a militares y exmilitares (anónimos y cuya voz y figura han sido distorsionadas y oscurecidas), tanto de inteligencia como sobre el terreno de combate, que van revelando con todo detalle el sistemático y deliberado asesinato en masa de civiles en Gaza, la gran mayoría a distancia y teledirigido, por parte del ejército israelí desde hace tres años, algunos todavía totalmente convencidos de lo correcto de sus actos y otros con ciertos remordimientos por lo ejecutado.
Muy notable película documental (nota: 8), de imprescindible visionado para todos, escalofriante y aséptica, salvo en su arrollador minuto final, demoledora, desoladora, devastadora... y terrorífica, sobre como se perpetra una aniquilación sistemática, una brutal masacre teledirigida y la correspondiente anestesia emocional y moral aplicada, cosas del falaz relato, a los ejecutores y correligionarios. También sobre el horror y máxima eficacia de los sistemas armamentísticos modernos, teledirigidos por algoritmos IA para matar indiscriminadamente, que dejan en juguetitos infantiles el todavía muy letal armamento (ametralladoras, obuses, artilugios de visión nocturna, etc.) que conocí y que me horrorizó por lo tremendamente mortífero, hace algo más de cuarenta años cuando hice mi puta mili. Tiene muchos momentos la mar de reveladores, pero me quedo con un documento televisivo, una entrevista a Netanyahu cuando era mucho más joven a cuentas de la publicación de un libro suyo sobre terrorismo (obviamente aplicado a los palestinos) en la que lo que dice se le podría aplicar perfectamente a él mismo y sus secuaces... consejos vendo que para mí no tengo, que dice el acertado refrán. Esta película dota de pavoroso sentido a otra, que también, como la hoy glosada, ganó el premio especial del jurado del festival de Venecia (pero el año anterior), "La voz de Hind" ("Sawt al-Hind Rajab", 2025) de Kaouther Ben Hania.
Así que creo que ya llegó el momento de la sabiduría ajena y sus consecuentes citas, producto colateral con el que trato, con todo el propósito del mundo, de iluminar nuestras entendederas para que vayan más allá de la simple superficie de las cosas:
- "Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego". (Proverbio Árabe).
- "Bajo la tiranía es más fácil actuar que pensar". (Hannah Arendt).
- "El mal no es nunca radical, sólo es extremo, y carece de toda profundidad y de cualquier dimensión demoníaca. Puede crecer desmesuradamente y reducir todo el mundo a escombros precisamente porque se extiende como un hongo por la superficie. Es un desafío al pensamiento, como dije, porque el pensamiento trata de alcanzar una cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo en que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada. Eso es la banalidad. Sólo el bien tiene profundidad y puede ser radical". (Hannah Arendt).
Besos y abrazos,
Don.
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