¡Buenos días!
¡Os lo juro!, estoy encantado con este esplendoroso día de primavera, relativamente sereno, sin excesivas veleidades, tan propias de ella, con su sol y sus nubes y un agradable frescor ambiental si sus rayos no te atizan directamente y sin protección en la cocorota. La máxima prevista para hoy por los madriles será de unos 19ºC. Así que creo que es justo y necesario que comience el proceso de escribir este matutino, tratando de evitar el dictar cualquier clase de sentencia (judicial o moral, ¡ya veremos!)... por mucho que esté compuesto por sentencias (gramaticales) y al final las haya a modo de citas.
Este fin de semana estuve en el cine viendo "Los justos" (2026), de Jorge A. Lara y Fer Pérez, y con Carmen Machi, Vito Sanz, Pilar Castro, Marcelo Subiotto, Ane Gabarain, Bruna Cusí, Hugo Welzel, Marina Guerola, Aimar Vega y Felipe Pirazán. Es la primera película de largometraje de ambos directores, también guionistas, de esta y de otras.
Nueve miembros de un jurado popular deliberan en solitario sobre un controvertido caso de corrupción político-económica. Las pruebas son irrefutables, la opinión pública ya ha emitido su veredicto y ninguno de ellos parece tener la menor duda: el acusado es culpable... hasta que cada uno recibe subrepticiamente un sobre anónimo con una oferta: les darán un millón de euros por cabeza si cambian su voto de culpable a inocente, pero solo con la condición de alcanzar la unanimidad. Esto sacará a la luz los asuntos pendientes de cada uno y sus particulares miserias, personales y económicas.
Buena película (nota: 6), entretenida y divertida, sin alharacas, con algún diálogo chisposo, esta, podría decirse que, comedia sardónica sobre corrupción, la moral de cada cual (bastante frágil en la mayoría de los casos), la del ciudadano de a pie y la de los poderosos, y si todos tenemos un precio. Podría verse como el reverso oscuro (sin idealizar), digamos que de andar por casa, esta nuestra casa, de esa excelentísima película, "Doce hombres sin piedad" ("12 angry men", 1957) de Sidney Lumet, que no va de las dudas razonables de doce hombres justos sino más bien del grado de moralidad, más o menos dudoso, de nueve hombres y mujeres, cada uno apremiado por sus particulares necesidades cotidianas, más o menos loables, para llegar a dejarse sobornar y ser injustos (pero más ricos), cada uno con sus distintas razones morales para hacerlo. Y también de como un grupo en conjunto presiona, más o menos conscientemente, a cada individuo que lo compone para que cada decisión individual encaje con la colectiva por mucho que para algunos sean manifiestamente erróneas o injustas, obviando su propio código moral en aras de no desentonar (el efecto Asch).
Pues justo ahora llegó el momento de la sabiduría ajena, con estas citas más o menos sentenciosas que espero nos absuelvan de algún que otro pesar:
- "El hombre justo no es el que no comete ninguna injusticia, sino el que pudiendo ser injusto no quiere serlo". (Menandro).
- "La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo". (Platón).
- "El que no quiera vivir sino entre justos, viva en el desierto". (Lucio Anneo Séneca).
- "Interpretas mal los hechos -dijo el sacerdote-, la sentencia no se pronuncia de una vez, el procedimiento se va convirtiendo lentamente en sentencia". (Franz Kafka).
Besos y abrazos,
Don.
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