¡Buenos días!
No sé si será una vana ilusión de mis sentidos, pero el caso es que noto que hace menos calor que en pasados días de calorífico desmadre. De hecho, las previsiones para hoy anuncian que la temperatura máxima por los madriles será de unos razonablemente llevaderos 32ºC, con sol y nubosidad alternada... y no estaría nada mal que mi deseo, no sé si demasiado imaginario, de que esta situación se mantenga siga haciéndose realidad día a día. Así que bueno, llega otro de mis matutinos, con los que me figuro que, a base de ilusiones, más mentales que ópticas, pasaré un agradable rato mientras desfilan por mis entendederas sin que llegue a invocarlas, que vienen sin más por aquí.
Este fin de semana estuve en el cine viendo "Mother Mary" (2026), de David Lowery, y con Anne Hathaway y Michaela Coel. Es el octavo largo de este director, y cuarto suyo que veo tras "The old man and the gun" (2018), "A ghost story" (2017) y "En un lugar sin ley" ("Ain't them bodies saints", 2013).
Mother Mary, una diva de la canción pop, se enfrenta a su próxima gira de conciertos, pero no está cómoda con el vestuario que le tienen preparado para la ocasión, tras haber estado sumida en una profunda crisis existencial y creativa que la tuvo apartada de los escenarios por un tiempo. Así que se dirige desesperadamente (queda menos de una semana para el primer concierto) a ver a una examiga, diseñadora de moda, ahora también en la cumbre de su carrera, que en sus inicios artísticos fue su estilista personal y mejor amiga, pero que hace tiempo cortaron todo contacto y relación, tanto profesional como personal, para que, dado lo bien que la conoce, le diseñe una indumentaria que lo diga todo de ella.
Buena película en general (nota: 6), con sus más y sus menos, con sus originalidades, este podría decirse que drama psicológico (y alucinatorio) con elementos fantasmales y estética un tanto gótica, que me gustó mucho en su primera mitad, básicamente una intensa conversación entre sus dos protagonistas sobre sus dimes y diretes pasados (estupendas las dos actrices, pero me sorprendió mucho y gustó más la menos conocida de las dos), a pesar de que en algunos momentos me pareció que se excedió el guion con sus florituras verbales, demasiado preñadas de metáforas, y que en su segunda mitad, donde viró hacia cuestiones místico-fantasmales, me dejó de gustar y no entendí demasiado bien que pretendía contarnos. En ambas mitades el despliegue visual, deslumbrante e hipnótico, no permitió que me desentendiera de la película en ningún momento. Nos habla de los peajes de la fama, de su lado oscuro, de lo que se pierde en busca de ella, de los cadáveres que van quedando por el camino y los fantasmas que arrostran quienes la alcanzan. En ciertos momentos, la elaboradísima estética visual me recordó a una película que vi hace años, "Under the skin" (2013) de Jonathan Glazer, muy considerada en el mundillo crítico y que no me dijo apenas nada, y los devaneos fantasmales, hacia el final, cosas de mi sexto sentido, me recordaron al homónimo de M. Night Shyamalan, sin tener muy claro cual de las dos protagonistas estaba acá o más allá (quizá ninguna de las dos). Por tanto, os recomendaría una fantástica historia de fantasmas (con un fantasma) que en realidad nos habla de otra cosa, que me encandiló en su día, "A ghost story" (2017), del propio director. No os perdáis esta, si es que se os aparece.
Bueno, se nos reveló la sabiduría ajena, con estas citas, de tan reducido espectro que en realidad solo es una (más que suficiente):
- "Toda dificultad eludida se convertirá más tarde en un fantasma que perturbará nuestro reposo". (Frédéric Chopin).
Besos y abrazos,
Don.
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