¡Buenos días!
No será la última vez que la canícula veraniega nos vuelva a embriagar, en el sentido de atontarnos y llevarnos al desatino con sus desmedidos calores, cual copazo pasado de graduación, térmica en este caso, pues tras unos pocos días con algo de alivio calórico, volvemos hoy a los 35ºC de máxima por los madriles, y subiendo en próximos días. Y tampoco creo que será este el último matutino que se beban mis entendederas, que el empinar (levemente) el codo mientras los tecleo me lleva a cierto grado de embriagador éxtasis mental sin el que parece no puedo vivir, dada mi adicción a ello, reconozcámoslo.
Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "La última ronda en Venecia" ("Le città di pianura", 2025), de Francesco Sossai, y con Filippo Scotti, Sergio Romano y Pierpaolo Capovilla. Es la segunda película de largometraje, y primera que veo, de este director italiano, y gran triunfadora en los premios David di Donatello de este mismo año.
El empleado de una pequeña fábrica en un pueblo del Véneto se jubila. Tras la fiesta de jubilación, dos de los asistentes, dos cincuentones, sin oficio ni beneficio, ya bastante borrachos, deciden tomarse la última copa (siempre la penúltima) en Venecia antes de ir al aeropuerto a recoger a un viejo amigo de correrías juveniles que a la mañana siguiente regresa desde Argentina y al que no ven desde hace casi veinte años cuando se fue para allá. Por el camino, copa va, copa viene, tras otros alcohólicos encuentros, se topan con un grupo de jóvenes estudiantes de arquitectura que celebran la graduación de una de ellos, uno de los cuales, tímido, responsable (y abstemio), enamorado de ella y a la que no se atreve a decirle nada, acaba sin comerlo ni beberlo deambulando de pueblo en pueblo, de bar en bar, con ese par de liantes y pícaros vivalavirgen que siguen comportándose cual irresponsables adolescentes.
Buena película (nota: 6) esta tragicomedia de amigotes, de viajes emocionales embebidos en alcohol por entre una etérea atmósfera, por no decir etílica, un tanto sucia, difusa y brumosa, en las antípodas de la postal turística de Venecia y alrededores. Divertida pero con regusto amargo y un toque ácido; simpática a pesar de sus algo zarrapastrosos personajes principales más maduros (presuntamente), dos pobres diablos, desencantados, que van dando tumbos por ahí, con problemas para recordar el verdadero sentido de la vida, sin otra expectativa que emborracharse en todo momento, que malean al muchacho con sus poco o nada edificantes consejos, aunque alguno que otro le llegue a servir de gran ayuda para reconducir su anodina existencia, todo a través de paisajes un tanto destartalados, y desolados, como ellos mismos tres se sienten, tratando de ahogarlo todo en alcohol. Por esto y otras cuestiones me recordó en algo a una película danesa, de similar título en español, que vi hace unos cinco años, "Otra ronda" ("Druk", 2020) de Thomas Vinterberg.
Pues antes de acabar y volver a nuestras casas, estén donde estén, sin dar demasiados tumbos por ahí, ahí os dejo estas citas de sabiduría ajena que espero despejen nuestras mentes de eventuales obnubilaciones... no os las toméis de un solo trago, paladeadlas:
- "Más vale llegar a tiempo que rondar un año". (Refrán).
- "Se dice que el hombre ha nacido para ser feliz y, sin embargo, con su particular modo de vivir, parece que la felicidad le ronda siempre y la alcanza muy rara vez". (Anónimo).
- "Con la primera copa el hombre bebe vino; con la segunda el vino bebe vino, y con la tercera, el vino bebe al hombre". (Proverbio japonés).
- "Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una". (Voltaire).
Besos y abrazos,
Don.
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