martes, 24 de febrero de 2026

Lluvia de matutinos por un tubo

¡Buenos días!

Llevamos varias jornadas en las que ya no llueve, ¡por fin!, tras interminables días pasados en los que lo estuvo haciendo (¿por un tubo?), y ya no puedo maravillarme con la sensación de las gotas cayendo, acariciando mi piel desde la coronilla, cosquilleándome todo mi ser, que todo acaba, aunque pueda volver a renacer (incluso en nuestro recuerdo), así que lo haré con lo que ahora toca, el tibio sol (máxima prevista por los madriles de unos 19ºC) que me toca y templa el ánimo, algo bullicioso por la primavera que se barrunta (los almendros ya florecieron), así que trataré de retozar en cuantito se dé la ocasión, carpe diem, aunque no sea el día de la carpa (en Japón, el 5 de mayo). Acabo de caer en la cuenta, aunque inconscientemente ya lo supusiera, de la enorme cantidad de matutinos que han sido hasta ahora mismo, más de cuatro mil, que me han utilizado como canal (o tubo) para, tras haber entrado en mi ser, transformándose y transformándome, salir expelidos al ciberespacio.

Este fin de semana estuve en el cine viendo una película de animación, preciosa animación y deliciosa historia, que os recomiendo. Se trató de "Little Amélie" ("Amélie et la métaphysique des tubes", 2025), basada en la novela de autoficción "Metafísica de los tubos" ("Métaphysique des tubes", 2000) de Amélie Nothomb, y dirigida por Maïlys Vallade y Liane Cho Han. Es la primera película (de largometraje) de ambos, directora y director.

Amélie viene al mundo a mediados de los años 60 en una familia belga (padres, hermano y hermana) que vive en Japón (su padre está destinado allí). Ya desde que flotaba en el líquido amniótico reflexiona con suma agudeza con que no es más que un tubo (digestivo) inerte, por el que entran y salen cosas, y cree que es Dios. Cuando nace, su familia la considera poco más que un vegetal que come, caga, y nada más, pues no interactúa con nadie, ni manifiesta la más mínima emoción, solo observa atónita el mundo, con perspicaz mirada, así que se van olvidando de su existencia... hasta que cuando tiene dos años y medio llega de visita desde Bélgica (ya estaba tardando) su abuela paterna y le trae una barrita de chocolate blanco de regalo. Al probarlo, siente una epifanía, se da cuenta de que ya no es Dios, y entra de lleno en el mundo infantil, pues de repente se pone a caminar y correr, a hablar, a descubrir el mundo que le rodea e ir tomando conciencia de él, maravillándose, con lo bueno y lo no tan bueno.

Espléndida y magnífica película (nota: 9), de animación europea con aires de anime japonés, una joyita, por su muy bonita y colorida animación 2D como de acuarelas y por lo que nos narra y como lo hace, bella y atinadamente, desde el punto de vista de la protagonista y su muy lúcida mirada, con humor e ironía, y reflexionando filosóficamente sobre la vida y la muerte, sobre su sentido, sobre la pérdida y los recuerdos que quedan. Un relato de lo más original, una fantasía sobre la propia infancia de la autora del libro en que se basa la cinta, hasta sus tres años, con puntos de surrealismo y realismo fantástico, para hablarnos del surgimiento de la conciencia en la infancia, de su despertar al mundo, para lo bueno y para lo malo, con complejidad emocional, de cómo se va forjando la identidad en ese período vital. En definitiva, para niños de todas las edades, hasta más allá de su centena. ¡No os la perdáis!... o leed el libro del que parte, a vuestra elección. Yo intentaré leerlo también.

Pues llegó el momento de la sabiduría ajena, de ser conscientes de otras ideas aparte las nuestras, con estas cuatro citas, que no son por un tubo, pero seguro riegan nuestras entendederas con buenas ideas:

 - "En el fondo son las relaciones con las personas lo que da sentido a la vida".  (Karl W. von Humboldt).

 - "No es hasta que nos damos cuenta de que significamos algo para los demás que no sentimos que hay un objetivo o propósito en nuestra existencia".  (Stefan Zweig).

 - "Hay que darle un sentido a la vida, por el hecho mismo de que carece de sentido".  (Henry Miller).

 - "El hecho de que la vida no tenga ningún sentido es una razón para vivir, la única en realidad".  (Emil Cioran).

Besos y abrazos,

Don.

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