¡Buenos días!
Parece que el otoño va queriendo entrar en nuestro ser, con estos tres días, con este, que ya llevamos de gris nubosidad, algunos claros de sol que otros perdidos en su inmensidad y muchas menos lluvias de las previstas por los madriles, donde hoy se pronostican unos 26ºC de máxima, temperatura esta no muy otoñal que digamos, sin embargo. Anhelante, con la lengua fuera y jadeando, conteniendo el ladrido de ansiedad, entro ya mismo en otro de mis matutinos, a descubrirle, a redescubrirle mientras voy tecleando los (buenos) sentimientos que me provoca el hecho de que compartamos estos gratos momentos a pesar de las inclemencias que pudiera haber allende nosotros.
Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "En el corazón de la bestia" ("Heart of the beast", 2026), de David Ayer, y con Brad Pitt, J.K. Simmons y Anna Lambe. De su director había visto dos de sus anteriores películas de largometraje, "Corazones de acero" ("Fury", 2014) y "Sin tregua" ("End of watch", 2012).
Un exsoldado de la unidad de operaciones especiales, ya jubilado, retirado del mundanal ruido por las soledades de la indómita naturaleza de Alaska junto a su fiel perro de combate (también jubilado), sufre un accidente con su hidroavioneta, tras el que quedan algo heridos, debiendo enfrentarse a los peligros del hostil entorno para tratar de sobrevivir y encontrar el camino de vuelta.
Película un tanto rutinaria (nota: 5), para pasar un rato entretenido y poco más, muy bien hecha, relato de supervivencia en plena naturaleza, a veces un tanto inverosímil, cuando la suspensión de mi incredulidad por ciertos momentos de la trama quedó en entredicho, perdiendo el sustento aéreo y precipitándose de sopetón... en lo que viene siendo una americanada de toda la vida, muy "trumpista" por cierto, a pesar de la oda naturalista y animalista (también perruna) que subyace. También de colegas, de buena amistad, de protegerse uno a otro, de mutua lealtad, con aventura y acción, pero en la que también subyace un tanto cierto tufillo de exaltación militarista en ciertos momentos de recuerdo (o de pesadilla), que no vienen mucho a cuento según mi parecer, pasados por los dos protagonistas (hombre y perro). En la escena final, que se comenzó y dejó en el aire en el arranque de la película, se rindió a lo lacrimógeno, y yo con ella, que casi lloro, pues como hombre tirando a blandito que soy conseguí contener las lágrimas, que no la emoción. Me recordó bastante, amén de a otras, a esta (sin perro protagonista de por medio), "Las aventuras de Jeremiah Johnson" ("Jeremiah Johnson", 1972) de Sydney Pollack, excepcional película que me entusiasmó en su día y que creo haber visto más de dos veces.
Bueno, tras haber superado con bien este trance matutino, parece que llegó el momento de la sabiduría ajena, con estas citas, la última de las cuales cuadra como un guante de seda con la película mentada de Sydney Pollack, que no os ladro para no romper la quietud matutina, sino que os dejo ahí escritas:
- "Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo engordáis y no os morderá. Esa es la diferencia más notable que hay entre un perro y un hombre". (Mark Twain).
- "Tirarle un hueso al perro no es caridad. Caridad es compartir el hueso con el perro cuando se está tan hambriento como él". (Jack London).
- "Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre sin ninguno de sus defectos. (Epitafio para un perro)". (Lord Byron).
- "La naturaleza tiene muchas artimañas para convencer al hombre de su finitud -el incesante fluir de las mareas, la furia de la tormenta, la sacudida del terremoto, el largo retumbar de la artillería del cielo-, pero la más tremenda, la más sorprendente de todas es la fase pasiva del silencio blanco. Cesa todo movimiento, el aire se despeja, los cielos se vuelven de latón; el más pequeño susurro parece un sacrilegio, y el hombre se torna tímido, asustado del sonido de su propia voz. Única señal de vida que viaja a través de las espectrales inmensidades de un mundo muerto, tiembla ante su propia audacia, se da cuenta de que su vida no vale más que la de un gusano". (Jack London).
Besos y abrazos,
Don.
_____
No hay comentarios:
Publicar un comentario