¡Buenos días!
El invierno parece haberse aficionado, no sé si en demasía, no vaya a volverse adicto a ello, a mostrarnos su crudeza sin contemplaciones, como en el día de hoy que, tras pasados amagos de nevada, nos regala como buen Rey Mago un despertar helador por debajo de cero, una máxima prevista por los madriles de unos 5ºC y sol, que espero le ilumine para no irse demasiado arriba en su chute de frialdad, todavía más, que de esos pozos es difícil salir. Bueno, de nuevo con otro matutino, el lugar en el que compartiendo mis más o menos alienados desvaríos sano de todas esas cosas que pudieran envenenarme por el mero e inevitable contacto con ellas, sobre todo cuando es en exceso, a lo que no suelo dar lugar casi nunca.
Este fin de semana estuve en el teatro viendo la obra "Personas, lugares y cosas", escrita por Duncan MacMillan ("People, places and things", 2015), adaptada y dirigida por Pablo Messiez, e interpretada por Irene Escolar, Javier Ballesteros, Tomás del Estal, Brays Efe, y Sonia Almarcha, entre varios otros más. Del director había visto anteriormente, hace unos diez años, "La piedra oscura".
Una actriz está interpretando "La gaviota" de Antón Chejov y, tras declamar la frase de su personaje "a mí habría que matarme", presa de la alienación vital, confundiendo la obra y su vida, sufre un colapso en medio de la función. Tras esto, como medida para poder seguir trabajando en lo que le apasiona, ingresa en una clínica de desintoxicación para recuperarse, donde junto al equipo de profesionales del lugar y de otros pacientes que como ella intentan dejar sus adicciones, tratará de enfrentarse a sus fantasmas, llegar al origen de su trauma y así poder sanar sus heridas del alma y mente, pero primero tendrá que asumir que es una politoxicómana, aunque se resista tercamente a ello.
Estupenda obra (nota: 8), que me fue enganchando poco a poco, casi inadvertidamente, cada vez más, sin dejarme volver atrás, a mi escepticismo inicial, narrada desde el punto de vista de su protagonista, con sus delirios y alucinaciones incluidos, que alteran su percepción de las cosas, y algo la nuestra como espectadores, difuminando a ratos la separación entre realidad y ficción, verdad y mentira, con otros de suma lucidez, y en la que no se juzga a sus personajes, tal y como asimismo se propugna en las terapias de grupo a las que asiste ella, bastante reacia a interactuar, viviendo en una perpetua ficción y negación, para intentar sobrevivir a sus miserias, aunque se esté autodestruyendo. Perspicaces reflexiones, nada condescendientes, con dejes de dolido y doliente humor, sarcástico, sobre el mundo de las adicciones, y no solo a las más variopintas sustancias psicotrópicas, sino también a obsesivos comportamientos, como en el caso de la absoluta protagonista, quien además de chutarse de todo, no puede vivir sin actuar, sin mentir, sin tergiversar como coraza ante una cruda realidad que la hiere. Nos habla de como manejamos el dolor y el placer que nos acaece, y de apoyarnos en los demás, aunque a veces nos fallen, para mejor salir adelante.
Bueno, pues ahora dejémonos envenenar por la sabiduría de estas citas ajenas, espero que buen fármaco para nuestras entendederas:
- "La mayoría de la gente adicta a una sustancia también es adicta a pensar, lo cual significa que mantienen una relación compulsiva y enfermiza con su propio pensamiento". (David Foster Wallace).
- "Una de las características del adicto al trabajo es la costumbre de aplazar las decisiones. Con frecuencia, nuestras ocupaciones son una forma sutil de aplazar decisiones que deberíamos tomar". (Anne Wilson Shaef).
- "Es más fuerte la sed que el miedo al veneno". (George Eliot).
- "Callar es peor; todas las verdades silenciadas se vuelven venenosas". (Friedrich Nietzsche).
- "Una buena regla para la vida es no ser demasiado adicto a una sola ocupación". (Publio Terencio).
Besos y abrazos,
Don.
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