¡Buenos días!
Al invierno no es que le hayamos dejado entrar, es que se coló sin permiso en nuestras vidas desde hace ya muchas semanas, y aquí sigue, tratando de sorbernos todo el calor que pueda, aunque hoy nos ponga una espesa manta de muy grises nubes que no cesan de empaparnos con agua. La máxima prevista por los madriles será de unos 12ºC. Por lo demás, entro a saco en este matutino que, como los otros, es todo un placer culpable para mí, aunque no peque (ni por pequeño ni por pecar) ni sienta ninguna culpa por disfrutar de todas las virtudes que me otorga.
Este fin de semana estuve viendo, en Movistar+, que no en el cine, pues la descarté de entre los estrenos de la cartelera de abril del año pasado, que uno no puede verlo todo, la película que acaba de recibir el mayor número de nominaciones en los Óscar. Se trató de "Los pecadores" ("Sinners", 2025), de Ryan Coogler, y con Michael B. Jordan, Hailee Steinfeld, Miles Caton, Jack O'Connell, Wunmi Mosaku, Jayme Lawson, Omar Miller, Li Jun Li, y Delroy Lindo. Es la primera película que veo de las de su director.
Año 1932. Dos hermanos gemelos, tras pasar buena parte de su vida trabajando en Chicago como matones para Al Capone, regresan al pueblo de Mississippi en el que nacieron y crecieron, y del que huyeron en su primera juventud buscando una mejor vida, tratando de dejar atrás sus anteriores maldades. Quieren comenzar de nuevo montando un club de blues en un viejo aserradero con el dinero ganado anteriormente, para que la gente de su comunidad pueda divertirse a su libre albedrío, pero descubrirán que un mal aun mayor merodea por allí, que pide permiso para entrar.
Estupenda película (nota: 8), que dejé pasar en su momento, en la semana de su estreno, por lo que antes dije y porque en general no me gustan las películas de terror, pero esta no lo tiene en exceso y solo pasada su mitad de metraje. Para terror, terror, el que sufría la comunidad negra en aquellos tiempos y lugares. Es muy entretenida y divertida, y cumple con lo necesario para que me guste una película de este tipo (bueno, en realidad contiene un popurrí de géneros), y es que vaya más allá de simples sustos y truculencias y me diga algo. No es solo una de terror vampírico, también es una de época con crítica social, de gánsteres, y por momentos casi que un musical, de música negra con insertos de blanca, lo que acabó por dar lugar al "demoníaco" rocanrol. Esta macedonia de géneros que es la cinta hoy glosada concuerda con la de músicas (el blues, el bluegrass y demás), que dan lugar al rock, así como de gentes (todos somos mestizos), que los pretendidos puristas (o puritanos) ven como un pecado, pero que aporta una gran cantidad de grados de libertad a nuestras vidas.
Por cierto, la música, con espléndidos números, fue una de las cosas que más me gustaron de esta película, donde es presentada como invocadora de todo tipo de tentadores males que llevan a la perdición al hombre, pero también como catalizadora de su liberación por oprimido que se encuentre (que cada cual elija entre ambas opciones). También me gustó, y mucho, la magnífica coda que está insertada entre los créditos finales, por lo que destila sobre vida mortal y vida eterna, así que no salgáis de la sala, o cambiéis de canal en la tele, antes de que acaben, que además hay otro extra musical al final del todo. Otra cosa, por eso de que los vampiros no cesan de pedir permiso para entrar al local (o casa) de sus víctimas, y si no, no entran, que son muy educados aunque te quieran chupar toda tu sangre, me recordó a otra película vampírica (que en realidad, también, es una excusa para hablar de otros temas más importantes), magnífica y que me encantó, la sueca "Déjame entrar" ("Lat den rätte komma in", 2008) de Tomas Alfredson.
Pues entremos sin más a la sabiduría ajena, que no es pecado, así que a refocilarse con estas citas:
cuando pulsa una guitarra.
Que no le falta un amigo
ni noches para gastarlas.
Que cuando tiene un pecado,
siempre se nota en su cara...
Que bebe el vino por vino
y bebe el agua, por agua". (Alberto Cortez, "El vino").
- "Creo en la vida eterna en este mundo, hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad". (Fiódor Dostoievski).
- "¿Qué le importa la condena eterna a quien ha encontrado por un segundo lo infinito del goce?". (Charles Baudelaire).
- "La vida humana eterna sería insoportable. Cobra valor precisamente porque su brevedad la aprieta, densifica y hace compacta". (José Ortega y Gasset).
Besos y abrazos,
Don.
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