¡Buenos días!
No veo el sol, me lo imagino, en este amanecer lluvioso por los madriles, en una jornada de lo más otoñal en lo meteorológico (¡ya estaba echando en falta esto!) en la que se esperan unos 15ºC de máxima prevista. Bueno, pues me pongo a la faena con otro de mis intangibles matutinos tirando tanto de mi imaginación como de varias sensaciones vividas a flor de piel que trato de conjugar lo más naturalmente posible.
Este fin de semana estuve en el cine viendo "Kakeru" ("Hako no naka no hitsuji", 2026), de Hirokazu Koreeda, y con Haruka Ayase, Daigo Yamamoto, y Rimu Kuwaki. De este veterano cineasta japonés, que me entusiasma y maravilla, todo un reverendo maestro del cine para mí, había visto las trece más recientes de sus anteriores películas de largometraje, a saber, "Monstruo" ("Kaibutsu", 2023), "Broker" ("Beurokeo", 2022), "La verdad" ("La vérité", 2019), "Un asunto de familia" ("Manbiki kazoku", 2018), "El tercer asesinato" ("Sando-me no satsujin", 2017), "Después de la tormenta" ("Umi yori mo mada fukaku", 2016), "Nuestra hermana pequeña" ("Umimachi diary", 2015), "De tal padre, tal hijo" ("Soshite chichi ni naru", 2013), "Kiseki (Milagro)" ("Kiseki", 2011), "Air doll" ("Kûki ningyô", 2009), "Still walking" ("Aruitemo, aruitemo", 2008), "Hana" ("Hana yori mo naho", 2006), y "Nadie sabe" ("Daremo shiranai", 2004), además de su serie de televisión "Makanai: La cocinera de las maiko" ("Maiko-san chi no makanai-san", 2023).
En un futuro cercano, una pareja afligida por la accidental muerte de su hijo Kakeru hace dos años, pérdida que todavía no han superado a pesar del tiempo pasado, se plantea acoger en su casa, con ciertas reticencias por parte de él, a un humanoide creado por inteligencia artificial y con la apariencia de su niño fallecido, un nuevo modelo experimental creado por una empresa, en la esperanza de poder aliviar su dolor, que cada uno de los dos arrostra a su manera, y superar su duelo, que quedó en suspenso desde entonces.
Muy buena película (nota: 7), extraña por momentos, que a mi parecer está en el pelotón de cola de su más que excelente filmografía en general, pues no me tocó del modo en que lo hicieron otras muchas suyas (excelentísimas). Empezó desconcertándome un tanto, no acababa de engancharme con su frialdad, pero poco a poco, sobre todo a partir de su segunda mitad, aunque con vaivenes, me fue gustando cada vez más, conforme iba comprendiendo ciertas cuestiones hasta llegar a provocarme de cuando en cuando interesantes reflexiones. Desde luego posee la exquisita sutileza, delicadeza y sensibilidad propias de su autor, extensible también a buena parte de la cinematografía japonesa que tanto me cautiva en general. Es un drama familiar, y una de ciencia ficción, no tanto distópica sino levemente utópica (o justo lo contrario), pero por poco, pues estimo que no queda mucho para llegar a eso realmente. Nos habla de dolor y duelo, de culpa y remordimiento no sanados (hasta que el robot lo logre provocar en los atribulados padres); también de pasar página, de aprender a dejar ir cuando llegue su momento a los hijos (y a los seres queridos fallecidos). Por cierto, el título original japonés significa "La oveja en la caja", que procede de un famoso pasaje de la popularísima novela corta "El principito" ("Le petit prince", 1943) de Antoine de Saint Exupéry, que la madre le lee a su pseudohijo robot y que destila el leitmotiv de la película, a saber, que aunque alguien ya no esté (no puedas verle), siempre podrá vivir en nuestro corazón, en nuestro cerebro.
Bueno, pues vuelve a renacer la sabiduría ajena en este matutino, con estas citas que no tendréis que imaginar, pues aquí las veis desenvueltas:
- "Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible para los ojos". (Antoine de Saint Exupéry).
- "En algún lugar del alma se extienden los desiertos de la pérdida, del dolor fermentado; oscuros páramos agazapados tras los parajes de los días". (Sealtiel Alatriste).
- "La ausencia hay que dejarla doler lo que ella pida y transformarla en bien, ahora lo sé, no se trata de sustituirla atolondradamente por otras presencias sino de vivirla y dejar que destile conocimiento y bien, a palo seco". (Carmen Martín Gaite).
- "Siguiendo el curso normal de la naturaleza, los ausentes son siempre reemplazados por los presentes; lo mismo que los que huyen de las dificultades y las fatigas son apartados por quienes pueden superar ambas cosas". (Demóstenes).
Besos y abrazos,
Don.
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