lunes, 23 de marzo de 2026

Matutina amargura, ¿de verdad?

¡Buenos días!

En este soleado día que se nos presenta, y ahora amanece, que será realmente espléndido, no hay amargura que pueda asaltarnos, pues si lo intentara sería fulminantemente exorcizada por torrentes de vitalidad primaveral. La máxima prevista por los madriles será de unos muy dulces 17ºC. Así que entro a este matutino, tan de reverendísimo culto para mí como los anteriores, donde la ficción tiene mucho de bálsamo de eventuales sinsabores que la realidad cotidiana nos pueda acarrear, a plasmar lo que pasa por mi cabeza sobre esto y aquello, con independencia de que sea imaginado o una traslación literal, un tanto literaria, de mi realidad.

Este fin de semana estuve en el cine viendo "Amarga Navidad" (2026), de Pedro Almodóvar, y con Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez Gijón, Victoria Luengo, Patrick Criado, Milena Smit y Quim Gutiérrez. De este director he visto casi todas sus películas, salvo cuatro de las rodadas en los años 80, y por tanto todas las de este siglo, incluidos dos mediometrajes, a saber: "La habitación de al lado" ("The room next door", 2024), "Extraña forma de vida" ("Strange way of life", 2023), "Madres paralelas" (2021), "La voz humana" ("The human voice", 2020), "Dolor y gloria" (2019), "Julieta" (2016), "Los amantes pasajeros" (2013), "La piel que habito" (2011), "Los abrazos rotos" (2009), "Volver" (2006), "La mala educación" (2004), y "Hable con ella" (2002).

Año 2004. Una directora de publicidad, que está planteándose volver a dirigir una película de cine, tras el fallecimiento de su madre, encuentra refugio en su trabajo, sin parar para darse el necesario tiempo para gestionar su duelo, hasta que una grave crisis de ansiedad y pánico la obliga a tener que descansar, momento en el que encuentra el imprescindible apoyo de su pareja. Paralelamente, en 2024, un director de cine está escribiendo el guion de su próxima película, inspirándose en su realidad circundante, una autoficción sobre una directora de publicidad que en 2004...

En general no me suelen llegar las cuitas que nos plantea Almodóvar, tanto en esta película (nota: 5) como en el resto de su filmografía, con algunas excepciones de algunas escenas y películas, respectivamente. Esta autoficción, a veces algo excesiva y afectada en lo melodramático (marca de la casa almodovariana), especie de recreación de "Dolor y gloria" (2019), pero más enrevesada en lo metacinematográfico, pues es una ficción dentro de otra ficción que está en otra, en la que sigue hurgando en sí mismo (digamos que por triplicado) de manera un tanto poco complaciente, es toda ella una ósmosis bidireccional entre realidad y ficción, que se retroalimenta a sí misma gracias a la difusa y porosa membrana (cual meninge) que las separa. También, de paso, como quien no quiere la cosa, nos habla de las penas por las pérdidas de seres queridos y las psicosomáticas afecciones que provocan si no son debidamente tratadas (no precisamente con automedicación ansiolítica, de lo que parece hacer apología)... y que se plantea además cuestiones sobre la ética de todo creador artístico, pues ¿es lícito moralmente apropiarse de la vida de los que te rodean para exponerla así, por muchas licencias creativas que la enmascaren? La película no me estaba interesando gran cosa hasta que, hacia su final, surgió la escena en la que los personajes interpretados por Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez Gijón se espetan sus verdades el uno a la otra, y viceversa, y que me hizo conectar por ese momento de verdad con la película. Por cierto, el cartel promocional de esta, con la silueta del perfil de Leonardo Sbaraglia y la cara a medias de Bárbara Lennie, que en conjunto parecen una tercera cara, muy del estilo Dalí, me parece magnífico, muy cuidado estilísticamente, como también esta película y casi todas las anteriores también lo están.

No me lo invento, llegó el momento de la sabiduría ajena, con estas citas que he tomado de sus autores para complementar (y completar) la creación de este matutino:

 - "Si la literatura es, como parece, el reflejo de la vida, no debe culparse al escritor que trata de levantar acta de lo que ve, del hecho doloroso y amargo que le es dado contemplar, sin más que descorrer los visillos de su ventana".  (Camilo José Cela).

 - "El recuerdo del pasado es el juez en la vida del hombre. Feliz el que al mirar tras de sí halla un ángel guardián que le procura un aura de paz; desdichado quien, al ver el pasado, siente la amargura de un inútil arrepentimiento".  (Jacques Bénigne Bossuet).

Besos y abrazos,

Don.

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