martes, 24 de marzo de 2026

No me faltan los matutinos

¡Buenos días!

No falta a su cita la primavera en el día de hoy, en esta jornada que ahora amanece y de la que disfrutaremos su sol, con algunas nubes, y su muy agradable tibieza térmica, con una máxima prevista por los madriles de unos 18ºC. Al invierno ya ni se le echa de menos, tras días sin verlo, que los vínculos que establecimos con él se van desvaneciendo más o menos paulatinamente. Y tampoco hay matutino que falte a su cita cuando lo necesito, para darme sus paternales o maternales cuidados anímicos, siempre tan queridos por mí. Me siento tan unido a ellos que veo como sumamente improbable nuestra eventual separación en un futuro indeterminado, y por eso mismo también los comparto.

Este fin de semana estuve en el cine viendo "Una hija en Tokio" ("Une part manquante", 2024), de Guillaume Senez, y con Romain Duris, Judith Chemla, y Mei Cirne-Masuki. Es la tercera película de largometraje, y primera que veo, de este director belga.

Un francés que trabaja por la noche como taxista en Tokio, desde que llegó allí hace nueve años, separado de su mujer japonesa desde entonces, sigue buscando a su hija, a la que no ve desde que tenía tres años, pues madre e hija desaparecieron de su vida perdidas en la inmensidad de la metrópoli. Nunca pudo conseguir la custodia de la niña y en Japón no existe la posibilidad legal de la custodia compartida (salvo por la buena voluntad entre las partes, difícil acuerdo amistoso cuando se anda a la greña). Justo cuando está a punto de vender su piso para volver a Francia y retomar su antigua profesión de chef de cocina, pues ya perdió toda esperanza de encontrarla, al cambiar el turno con un compañero que trabaja de día y que se puso enfermo, la hija se sube a su taxi, pero no lo reconoce. A la par, como miembro de una asociación de apoyo a extranjeros (y también japoneses) en similar situación a la suya, hace de cicerone de una compatriota que acaba de llegar a Japón para tratar de recuperar al hijo que su marido japonés se llevó sin su permiso.

Una muy buena película (nota: 7), basada en un caso real, este sereno y muy contenido drama, narrado con sensibilidad, muy en la línea del espíritu zen que los japoneses tan bien suelen practicar, sin aspavientos, sobre conflictos familiares, paternidad y sus vínculos rotos por las circunstancias, sobre un extranjero alienado al estar en un país en el que todo (o casi) le es extraño, aunque haya estado viviendo allí unos cuantos años, en el que se siente totalmente desarraigado, aunque lo acepte con filosófica resignación. También, de trasfondo, y casi de soslayo, es un drama sobre la inmigración, sea de europeos en Japón o de africanos en Europa, y el mestizaje, pues estos no son vistos (hay muy sutiles barreras que los presuntos nativos imponen) como auténticamente autóctonos, aunque lo sean efectivamente.

Bueno, pues ya solo faltan, para terminar de hacernos compañía matutina, unas citas de sabiduría ajena, estas que ahora comparto con vosotros:

 - "Entre casados de honor
cuando hay pleito descubierto
más vale el peor concierto
que no el divorcio mejor".  (Miguel de Cervantes).

 - "No hace falta renunciar al pasado al entrar en el porvenir. Al cambiar las cosas no es necesario perderlas".  (John Cage).

 - "El dolor de la separación no es nada comparado con la alegría de reunirse de nuevo".  (Charles Dickens).

Besos y abrazos,

Don.

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