¡Buenos días!
De momento, en este amanecer, en el que se nos asoma todavía algo tímido, sin prometer gran cosa, el sol acabará por enseñarnos sus auténticas cartas y volverá a presidir en el cielo cuando llegue a su plenipotenciario cenit, con alguna que otra nube adlátere que le sirvió de apoyo, pero que ni le llegará a hacer verdadera sombra, que no le llegan ni a la suela del zapato y de las que prescindirá a no mucho tardar, con una máxima prevista por los madriles de unos 19ºC. Es lo que tienen los ascensos al poder, que se viene uno demasiado arriba. Bueno, pues entro ya en materia matutina, y me dispongo a poner orden aquí, para que quede a mi gusto este matutino, haciendo oídos sordos a lo que el público quiera, que yo a lo mío, a teclear y teclear los desparrames que por mis entendederas bullen.
Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Torrente presidente" (2026), de Santiago Segura, y con él mismo y un montón, tan enorme como pocas veces (o ninguna) había visto hasta ahora, de actores (profesionales) y gentes famosas por esto o por aquello que actúan (como buenamente pueden, según los casos). Decimocuarta película de largometraje como director de Santiago Segura, también actor, guionista, productor... y más, todo un Juan Palomo, si no fuera porque el auténtico es uno de mis primos. Hasta ahora había visto cuatro de las cinco anteriores de, digamos, esta hexalogía sobre el casposo Torrente (no he visto la cuarta de la saga), comenzando por la primera (su debut como director), "Torrente, el brazo tonto de la ley" (1998), la mejor de la serie, y siguiendo por el resto, de mal en peor, "Torrente 2: Misión en Marbella" (2001), "Torrente 3: El protector" (2005), "Torrente 4: Lethal Crisis" (2011), "Torrente 5: Operación Eurovegas" (2014). Además, también vi otra de sus anteriores, "Sin rodeos" (2018), sin relación con las torrenteras, ni con otra multilogía tontunamente familiar de las que ninguna he visto.
José Luis Torrente, un expolicía (o eso dice él), un desastroso inepto, español (mucho español), machista, racista, alcohólico, y más, todo un dechado de virtudes, vamos, mientras está sentando cátedra entre sus zarrapastrosos amigos en un antro de bar, es escuchado por un par de políticos de un partido populista de ultraderecha, quienes ven su potencial para participar en los mítines de cara a las próximas elecciones generales y le convencen para ello. Tratan de darle unas directrices, pero ni caso, va a su aire, sigue con sus chabacanerías y demás demagógicas ocurrencias salidas de tono. De primeras participa en pequeños mítines de barrio, pero su creciente popularidad, que amenaza con superar a la del plenipotenciario mandamás de esa formación política, hace que le envíen a mítines cada vez más importantes, hasta que el líder sufre un percance justo un momento antes del debate electoral nacional televisado previo a las elecciones entre los candidatos a presidente, y en el caos él se cuela allí por su cuenta ante el estupor general.
Película regularcilla (nota: 4), aunque algo mejor que la anterior, rompiendo la línea descendente de la saga desde su primera, la mejor con diferencia. Como en todas, hay una extraña combinación de humor zafio (me pareció que más aminorado esta vez que en las anteriores) con momentos de soterrado humor de lo más sutil (lo más sustancioso de la película). Desde luego, mucha crítica sociopolítica de nuestra actualidad patria, más o menos lograda según en qué momentos (a mi parecer). Comedia satírica que en general no me hizo reír gran cosa, salvo en algunos muy puntuales momentos en los que solté alguna carcajada que otra. En cuanto a las actuaciones, dando por sentado el buen hacer de los profesionales, con respecto a los aficionados (los famosetes que adornan el metraje), a la gran mayoría, según grados, se les vieron las costuras interpretativas, con algunas (muy pocas) honrosas excepciones que me parecieron muy naturales y nada impostados. ¡Ah!, y no os vayáis de la sala en cuanto comiencen los créditos finales, pues durante ellos hay más chicha, con bastante sorna, y al final del todo una divertida coda.
Pues antes de dimitir de este pejiguero matutino, que no cesa de pedirme que diga esto o aquello, por real decreto aquí os dejo estas citas de sabiduría ajena:
- "Cuando yo era chico me decían que cualquiera podía llegar a presidente de la nación. Estoy empezando a creerlo". (Clarence S. Darrow).
- "En política se está en contacto con la mugre y hay que lavarse para no oler mal". (Enrique Tierno Galván).
- "Los pañales y los políticos han de cambiarse a menudo... y por los mismos motivos". (George Bernard Shaw).
- "La política es, tal vez, la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación". (Robert Louis Stevenson).
Besos y abrazos,
Don.
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