¡Buenos días!
Los trenes de borrascas no cesan de llegar, parar un rato para chorrearnos, y seguir su curso por las celestes vías, invisibles tras tanta humareda nubosa. Ya casi que estoy empezando a soñar con sol a raudales, y eso que no soy muy amigo del astro rey, que le va bien a los reptiles pero no a mí, que churrascarme bajo él no va conmigo, pero amodorrarme con un poco de su calorcito no estaría mal. La máxima prevista para hoy por los madriles, donde sigue lloviendo hoy sin aparente solución de continuidad, será de unos 14ºC, con avisos amarillos por ventoleras varias. ¡Uf!... Bueno, me ensueño, me embeleso con otro de mis matutinos, que ya llega pitando a mi vida y me la hará mucho más agradable.
Ayer por la tarde no estuve en el cine, pero sí viendo una película, en Netflix, una de las nominadas a los Óscar de este año y que, en su día, hace unos tres meses, se me pasó de la cartelera cinematográfica. Se trató de "Sueños de trenes" ("Train dreams", 2025), de Clint Bentley, basado en la novela homónima (2011) de Denis Johnson, y con Joel Edgerton, Felicity Jones, William H. Macy, y Kerry Condon. Es la primera película que veo de su director.
En los primeros años del siglo XX un jornalero, huérfano desde niño y solitario, que trabaja cada temporada como leñador talando bosques y, cuando el ferrocarril va a llegar a su zona, como peón en el montaje de las vías, conoce a una chica, se enamoran, se casan y tienen una hija, pero durante un incendio en los montes cercanos a su cabaña ellas fallecen mientras él está lejos trabajando y vuelve a quedar solo, sumido en la tristeza, esperando su regreso, que solo se produce en apariciones y sueños, en los que también se manifiesta un hombre al que vio como asesinaban, sin hacer nada por evitarlo, lo que le remuerde la conciencia.
Buena película (nota: 6), de ritmo muy pausado, bastante lacónica aunque con recurrente voz en off, que me llegaba con dificultad, sin entender su propósito del todo, pero que gracias a su magnífica fotografía, bellas imágenes y maneras contemplativas, introspectivas y reflexivas (con similares maneras a las de la obra de Terrence Malick), no llegué a desengancharme del todo de ella, cual vagón ferroviario llevado a una vía muerta, así que seguí traqueteando por su metraje hasta que consiguió interesarme algo más hacia el final, conectando, percibiendo su sentido sin llegar a aprehenderlo completamente. En cualquier caso, apenas vi correlación entre su título y lo que trata de hablarnos, de la pérdida de un ser querido y poder reconectar con la vida tras ello, de nuestra conexión con la implacable naturaleza, de la que formamos parte, y su intrincada red de sutiles relaciones; también de entender el sentido de la vida, de saber disfrutarla en la medida de lo posible y de saber apreciar todo lo bello que nos brinda, a pesar de las desgracias vividas, como las del protagonista desde su nacimiento hasta su muerte. Una historia de toda una vida... por esto me recordó a otra película que vi hace unos meses y trata similar tema, la celebración de una vida corriente, "La vida de Chuck" ("The life of Chuck", 2024) de Mike Flanagan, que me gustó muchísimo más.
Pues ni en sueños pensaba que iba a llegar tan puntual a su cita con nosotros la sabiduría ajena, con estas citas, no tantas como para parar un tren, sino las necesarias y suficientes:
- "Quienes piden lógica a la vida se olvidan de que es un sueño. Los sueños no tienen lógica". (Amado Nervo).
- "La existencia sería intolerable si no hubiera ensueños". (Anatole France).
- "Si hubiéramos de destruir todos los sueños y visiones de los hombres, la Tierra perdería su forma y su colorido, y nos adormeceríamos en la más triste estolidez". (Anatole France).
- "A medida que el hombre sabio envejece, se siente más y más feliz y en paz; y al fin y al cabo está regresando a su casa. Es como el viajero que se aproxima a su destino y recoge el equipaje dejando el tren sin ninguna pesadumbre". (Sri Nisargadatta).
Besos y abrazos,
Don.
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