¡Buenos días!
No recelo de las pocas nubes que adornan el cielo en este delicioso día primaveral de 23ºC de máxima esperada por los madriles, pues parecen haberse calmado las revoltosas travesuras, nada malvadas, de la primavera en pasados días, a tenor de las racionales previsiones meteorológicas, que siempre consulto, nada que ver con espurias especulaciones sin fundamento que cualquier mindundi pueda lanzar. Bueno, aunque forma parte de la norma matutina, dejo ya de ser mosca cojonera con la meteorología, y me pongo a la tarea con lo principal de los matutinos, sea cine, series, teatro y demás, en aras de la buena convivencia de todas sus partes.
Este fin de semana me vi en un arreón la serie de televisión, en Movistar+, "El señor de las moscas" ("Lord of the flies", 2026), creada por Jack Thorne, basada en la novela homónima (1954) de William Golding, dirigida por Marc Munden, e interpretada por Winston Sawyers, Lox Pratt, David McKenna, e Ike Talbut. Consta de una temporada de cuatro capítulos de una hora de duración cada uno. De su creador había visto el año pasado su anterior serie, la magistral cum laude "Adolescencia" ("Adolescence", 2025).
Un grupo de escolares británicos de diversas edades, de no más de 12 años, quedan atrapados en una recóndita isla tropical desierta tras el accidente del avión en el que viajaban y en el que ningún adulto sobrevivió. Tratan de organizarse lo mejor que pueden, acordando unas normas básicas de civilización, gracias al líder que han elegido entre todos, al que ayuda el más sabio e inteligente de entre ellos, un chaval regordete y gafotas, carne de todas las burlas. Pero otro, también aspirante a liderar pero derrotado en la votación, se rebela con un grupo de secuaces, se centra más en la caza que en ayudar al resto y fomenta la división entre todos, la anarquía, incitando a la desobediencia, con el objetivo de terminar mandando él.
Muy buena serie (nota: 7), que empezó no gustándome mucho, pero que acabó por hacerlo, donde cada uno de los cuatro capítulos está dedicado a cada uno de los cuatro chavales protagonistas, muy original visualmente, toda una fábula que retrata magníficamente nuestro tiempo, y el pasado, y seguramente el futuro, mal que nos pese, una visión muy oscura y bastante pesimista, en general, a pesar de retazos de optimismo, de la condición humana, de su peor faceta y de cómo esta acaba por machacar lo bueno. Nos habla de muchas cosas, del demonio que todos llevamos dentro y que aflora salvajemente a poco que se sienta no vigilado por unas reglas de convivencia, de civilización versus barbarie, democracia versus totalitarismo, de cómo surge una civilización, se corrompe (moscas incluidas pululando) y genera totalitarismos, a base de supersticiones (bulos), miedo y violencia como herramientas para llegar a ejercer el poder (a lo bruto). También de la pérdida de la inocencia infantil, cual mundo utópico, que se desvanece en humo, o de como muchos gobernantes, rayanos en lo tirano, si no lo son ya efectivamente, nos zarandean con sus infantiles y caprichosas decisiones a modo de juego de niños malcriados (¿de qué me suena esto a mí?).
Bueno, llegó el momento de la sabiduría ajena, con estas citas que más nos valdría a todos tener presentes, por si las moscas:
- "Allí donde Dios erige una iglesia, el demonio siempre levanta una capilla; y si vas a ver, encontrarás que en la segunda hay más fieles". (Daniel Defoe).
- "¿Es usted un demonio? Soy un hombre. Y por tanto tengo en mi corazón todos los demonios". (Gilbert Keith Chesterton).
- "Cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas". (Refrán).
Besos y abrazos,
Don.
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