¡Buenos días!
Quiere repetir el verano esos días de insufrible canícula y, aunque hoy no lo está logrando del todo con los 35ºC de máxima prevista por los madriles, quedando lejos de aquel ardiente modelo, a fuerza de esmero seguro que lo logra al final de esta semana, en la que están pronosticadas temperaturas máximas superiores a la cuarentena. Pero eso será más adelante, de momento, contento con el remedo a medias de aquellos agobiantísimos días. Y bueno, ya me pongo con otro matutino, que no me saldrá exactamente igual que cualesquiera de los otros que han sido, lo que me da lo mismo, puesto que ahí radica su gracia... y me hace disfrutarlos más, sin tener que obsesionarme por su perfecta compostura.
Ayer por la tarde estuve en el cine viendo "La copia perfecta" ("L'affaire Bojarski", 2025), de Jean-Paul Salomé, basada en hechos reales, y con Reda Kateb, Sara Giraudeau, Bastien Bouillon, y Pierre Lottin. De este director francés había visto tres de sus anteriores películas, "Un blanco fácil" ("La syndicaliste", 2022), "Mamá María" ("La Daronne", 2020) y "Espías en la sombra" ("Les femmes de l'ombre", 2008).
A principios de los años 40, durante la ocupación alemana de París, dos amigos, refugiados polacos que tras haber sido soldados de su ejército durante la II Guerra Mundial, que todavía seguía en curso, y fugados tras haber sido detenidos, se buscan la vida con precarios empleos muy mal pagados destinados a los no franceses y algún que otro trapicheo. Uno de ellos, Jan Bojarski, ingeniero e inventor de ingeniosos artilugios, que no consigue patentar ni convencer a empresas de que los fabriquen, conoce a una mujer del lugar, se enamoran, se casan y, para poder formar un hogar, pues pocos le contratan por ser extranjero, empieza a trabajar para un mafioso local que se dedica a falsificar billetes y diversos documentos. Tras el desmantelamiento por la policía del tinglado falsificador a principios de los 50, él consigue escapar y monta en un cobertizo aledaño a su casa su propia factoría de falsificación de billetes, partiendo desde cero, fabricándose él mismo las máquinas, así como el papel y las tintas, sin que su mujer e hijos tengan la más mínima idea de lo que estaba haciendo. Sus falsificaciones, cada vez mejores, llegaron a tal grado de maestría, especialmente en los años 60, que ni siquiera los empleados expertos del Banco de Francia podían distinguir los billetes falsos de los auténticos, llegando a ser apodado el Cézanne de la falsificación. Fue detenido en 1964.
Buena película (nota: 6) que, a pesar de su ritmo pausado, o precisamente por ello, me hizo pasar un rato la mar de entretenido y me tuvo enganchado a la peripecia de sus protagonistas, enfrentados, con mutua admiración, dos obsesos por la perfección, sea la del policía perseguidor buscando un fallo en el desempeño del falsificador, o el de este con su obra, siempre en proceso de mejora, lo que acaba por afectar, y casi que arruinar, sus respectivas vidas familiares, de tan absortos en su tarea como están. El falsificador, más que por delinquir o por hacerse rico, busca conseguir su obra maestra, hurgando como efecto colateral en las fisuras del sistema de acuñación de moneda, al que hace mejorar también, cosas de la interacción entre presa y depredador, y ser reconocido por su magisterio... más o menos como buena parte de los primeros jáqueres informáticos y quizá una minoría de los actuales.
Y ningún matutino podría considerarse rematadamente perfecto sin acabar con unas buenas citas de sabiduría ajena antes de su despedida (no precisamente a la francesa):
- "La calumnia es como la falsa moneda: muchos que en manera alguna la hubieran acuñado, la hacen circular sin escrúpulos". (Condesa Diane).
- "La perfección no es cosa pequeña, pero está hecha de pequeñas cosas". (Michelangelo Buonarroti).
- "Falsa apariencia engaña mejor a la ciencia". (Refrán).
- "Nada parece tan verdadero que no pueda parecer falso". (Michel E. de Montaigne).
Besos y abrazos,
Don.
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