¡Buenos días!
De eso nada, que llega a su oportuna hora, justo cuando el sol asoma por el horizonte, en este helador amanecer (-2ºC), el primero del nuevo año, sin que podamos verlo, sí imaginarlo, tras la espesa nubosidad gris que hay y que tal vez dejará caer algo de lluvia, con una máxima prevista para hoy por los madriles de unos muy escasitos 5ºC... puro invierno, mucho frío para comenzar un nuevo taco de calendario. Así que, etéreamente, cual sílfide, me voy colando por los poros de este nuevo matutino, imperceptiblemente, como quien no quiere la cosa, hasta casi encarnarme en él, llegando a ser él mismo, tanto que ya no sé si soy yo o él, pero siempre dejando volar la imaginación a nuestro más alocado albedrío.
Antes de ayer por la tarde estuve en el cine viendo "Ariel" (2025), de Lois Patiño, y con Agustina Muñoz, Irene Escolar, y un montón de actores no profesionales. Es la primera película que veo de su director.
Una actriz argentina que visita a sus parientes en un pueblo gallego cerca de la frontera con Portugal es invitada por una compañía teatral de la zona a participar con ellos en la representación de una versión de la obra "La tempestad" de William Shakespeare, interpretando el personaje de Ariel, que tendrá lugar en un teatro de una de las islas Azores. Viaja por su cuenta en barco hasta allí, pero cuando llega no encuentra a nadie de la compañía ni nadie de la isla parece saber nada del espectáculo teatral que allí se celebrará, aunque todos los habitantes parecen comportarse extrañamente, cual si fueran personajes interpretando las diferentes obras de Shakespeare.
Película desconcertante (nota: 2), y un tanto aburrida, que apenas nada me dijo, mucho manierismo con muy poca sustancia, centrado en el shakespeariano personaje del título, un ser fantástico con poderes mágicos, especie de espíritu del aire, aunque también del agua o del fuego, que quiere ser libre y que nadie dicte lo que tenga que ser o hacer. Además, poco le ayudó el que casi todos sus actores sean no profesionales, muy limitaditos ellos en general, aunque algo le salvó, no mucho tampoco, la presencia de sus dos actrices protagonistas, por su mero estar y saber hacer; también su muy buena fotografía. En esta especie de película de arte y ensayo, cine muy conceptual, de ese que solo entiende su autor y pocos más (yo no llego a tales cotas, corto de mí), muy ombliguista, se van depositando una serie de divagaciones un tanto diarreicas sobre ciertas cuestiones que creí entrever en sus muy brumosos postulados, como de los absurdos en nuestras vidas, de las difusas fronteras entre realidad y ficción, de personajes en busca de autor (muy de Pirandello esto) y buscando independizarse de su yugo creativo, que les obliga a ser siempre los mismos con la imposibilidad de poder salir de su papel, esperando un qué sé yo (muy de Beckett esto)... así que no pude más y me evadí, me ensoñé con la hermosura de sus dos protagonistas y acabé sumido en esos calderonianos versos de más abajo que enseguida os glosaré.
Pues eso, llegamos ya a la hoy poética sabiduría ajena, comenzando por una cita de la obra "La tempestad" y rematando con los calderonianos versos que hace un ratito mentaba:
- "Estamos hechos de la misma materia que los sueños y nuestra pequeña vida termina durmiendo". (William Shakespeare).
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende. [...]
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son". (Pedro Calderón de la Barca).
Besos y abrazos,
Don.
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